Labores “Machistas” argentinas

La Argentina, que con México y Brasil conforma el trío de colosos latinoamericanos que podría cambiar las historias de sus pueblos atrasados, enfrenta un trimestre crucial para reafirmar su joven democracia con pilares sostenibles; o continuarla con los tropezones, errores, fracasos y corrupciones del pasado que la mantendrán, pese a sus riquezas, muy alto en la lista del Tercer Mundo.

Por: Raúl H. Riutor

General Pico, La Pampa, Argentina (INPA) Millones de argentinos, confundidos, votarán por un nuevo presidente el 28 de octubre próximo - incluidos unos pocos de esta polvorienta localidad a la que ningún gobernante nacional visitó en estos dos siglos de Independencia-, y, otros millones, resignados, lo verán asumir el 10 de diciembre, para ocuparse de una canasta de problemas que amedentrarían a Hércules; y que se arrastran desde que se restableció la democracia en 1983.

Este año, la puja por el espinoso y continuamente violado Sillón Presidencial tiene características inéditas debido a que, aparte de la docena de hombres con nombres, carreras y fracasos conocidos o, simplemente, casi ignorados, compiten por los comodatos de la Casa Rosada y la cercana Quinta Presidencial de Olivos, dos mujeres, conformándose un cuadro que la primera impresión que ofrece, es que está lejano el regreso del antiguo bipartidismo (peronismo-radicalismo, por ejemplo) y que su inexistencia refleja las divisiones que sufre la sociedad.

Cristina Fernández, senadora y esposa del presidente Néstor Kirchner y la diputada Elisa Carrió (fundadora de un partido político al cual luego renunció), prometieron, si no liquidar, por lo menos disminuir la agenda plagada de pesadas y añejas postergaciones que crispan, impacientan, desalientan, encolerizan y - a veces-, hasta enfurecen a un pueblo agobiado por necesidades básicas, todo en un país con abundante territorio fértil vacío, alimentos, energía (hasta nuclear), climas benignos y sin conflictos raciales.

En el pasado, sólo dos mujeres se destacaron an forma amplia en el escenario político argentino, pero de maneras distintas, aunque arrimadas al líder del Partido Justicialista, el general Juan Domingo Perón, que alcanzó tres veces la presidencia por abrumadora mayoría: Eva Duarte y María Estela Martínez.

Eva Perón ("Evita") a la que se le acredita haber conseguido el voto femenino y grandes mejoras para los niños y los pobres, no aceptó la vice-presidencia que le ofrecieron. Murió poco después, a los 33 años de edad. Con ella, desapareció, físicamente, "La Abanderada de los Humildes".

María Estela Martínez de Perón ("Isabelita"), sí aceptó la vice-presidencia en 1973; y se convirtió, constitucionalmente, en la primera presidenta de la Argentina en julio de 1974, al fallecer Perón, que dejó, como "su único heredero, al pueblo". Perón vivió exiliado desde 1955, cuando lo derribaron los militares que hicieron lo mismo con "Isabelita", en marzo de 1976, la encarcelaron cinco años y se quedaron casi ocho en la Casa Rosada.

Para Cristina, Elisa (apodada "Lilita") o los gobernadores de provincia, senadores, ex ministros, diputados, cineastas e incluso piqueteros, etc., si logran la banda albiceleste y el bastón de mando a fin de año, será imperativo que conserven la calma ante la lista de acciones prioritarias que deberán continuar o empezar, al día siguiente. Así, evitarán que vuelvan tiempos riesgosos, oscuros, penosos, como los de 2001, cuando los argentinos, en una semana, tuvieron cinco presidentes. Entonces, el grito generalizado fue: "¡Qué se vayan todos!". Claro que muchos se quedaron. Y otros están volviendo, algunos disimulados en listas que podrían proporcionarles la seguridad de una banca en el Senado o la Cámara de Diputados.

Cualquier persona de Buenos Aires (la Capital Federal), del Gran Buenos Aires o de provincias marginadas como ésta (que hasta 1955 se llamó "Eva Perón"), sabe, por repetición, cuáles son los programas que hay que abordar ya mismo en este país de unos 4.000.000 de kilómetros cuadrados, con sólo 40 millones de habitantes (con muchas desigualdades) para convertirlo en - ¡vaya sueño!-, en una Suiza, la que apenas cuenta con 42.300 kilómetros cuadrados y cerca de 7 millones de habitantes.

Una enumeración- muy incompleta-, incluye: creación de fuentes de trabajo, mejor atención a la salud, , cuidar la educación, aumento de los salarios (con buenas obras sociales) , rescate de la niñez de las actuales ocupaciones insalubres, cobertura e ingresos ampliados para los jubilados, modernización del transporte público, mayor seguridad en las calles, autopistas y aeropuertos, evitar la creciente violencia juvenil en los campos deportivos, un combate decidido contra la corrupción, diversificación del abastecimiento energético, teniendo en cuenta que la Argentina se quedará sin combustibles fósiles en menos de una década, al tiempo que aumenta la producción de los contaminantes automóviles y camiones, y se demora la reinstalación de los otrora populares y baratos ferrocarriles, erróneamente parados.

En estos territorios pampeanos , cualquier campesino que aún anda en sulky, hacha caldenes y trata de que su caballo evite las vizcacheras, tiene necesidades menores que los llamados "porteños" de la Capital Federal.

Pero, seguramente, espera que, alguna vez, termine o por lo menos disminuya, la centralización que comenzó en el puerto de Buenos Aires en épocas coloniales y que, hasta hoy, produjo una hiriente y vergonzante marginación de las provincias.

Otra tarea, no fácil pero viable, para el candidato que triunfe en la elecciones presidenciales...¡sea con pantalones o con faldas!

INPA

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