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Chegando ao fim de uma hegemonia

08.05.2014 | Fonte de informações:

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Estados Unidos, con su enorme poder militar, trata de mantener su hegemonía de potencia única universal, alcanzada en 1991 con la desintegración de la Unión Soviética, pero está a la defensiva en todos los continentes.


Ruiz Pereyra FagetEn la historia han existido otros imperios hegemónicos. Los romanos lo fueron en la Antigüedad; el Imperio Británico, después de la derrota de Napoleón en 1815. Siempre ese poder fue logrado a sangre y fuego, conquistando espacios territoriales y controlando los recursos naturales y las producciones de esos territorios.

Estados Unidos, contrariamente a Roma y a Londres, contó, desde la segunda mitad del siglo XIX, con una base territorial y económica propia, de dimensión continental, que pudo desarrollarse, en el espacio geopolítico hemisférico, antes de intervenir en las guerras por el reparto europeo, en la Primera Guerra Mundial y su intervención fue decisiva para definir esa contienda a favor de Gran Bretaña y Francia pero marcando, al mismo tiempo y en forma clara, que en el futuro él sería el que fijaría las reglas en Occidente. El dólar se impuso a la libra esterlina.

La Revolución socialista de Octubre en Rusia, no estaba en los planes de sus estrategas.. La quisieron ahogar 14 intervenciones extranjeras. No pudieron pero estaban seguros, en 1920, que esa "Revolución utópica" no iría muy lejos pues el hambre la devastaría. Pero la Revolución sobrevivió y no solo eso: aquel país semi feudal se transformó en 15 años en una potencia industrial que venció a la maquinaria de guerra nazi en Stalingrado, en 1943, decidiendo la suerte del conflicto.Estados Unidos fue el principal beneficiario de esta guerra pues su territorio no fue afectado y su economía pudo desplegar su potencial en toda su magnitud.

Con este inmenso poder, rompió el compromiso contraído con la URSS en la Conferencia de Teherán de 1943 de edificar juntos un mundo de paz, basado en la cooperación, y puso en marcha una doctrina militar de cerco a su aliada, obligándola a una carrera armamentista que exigía cuantiosos recursos financieros y técnicos. Esta carrera, que duró 70 años, le permitió a Estados Unidos alcanzar el objetivo que no pudieron lograr las 14 intervenciones de 1918 ni la hambruna del pueblo ruso de 1918 a 1922.Eufórico, el entonces Presidente George W. H. Bush, declaró a todos los vienos: "Ha nacido un nuevo orden mundial y nosotros somos los únicos líderes".Esta concepción de "patronos del mundo", ha sido repetida por todos los presidentes estadounidenses, desde Ronald Reagan a Barack Obama, sin distinción de camiseta partidaria.

Para preservar el "liderazgo", proclamaron la doctrina de la "guerra preventiva" y su derecho a intervenir en cualquier país, al margen de la Organización de las Naciones Unidas y del Derecho Internacional. Para ello, elaboraron una lista de "Estados Basura" y de "organizaciones y dirigentes populares terroristas" que no tenían derecho a existir porque eran una amenaza para ese liderazgo; organizaron las "guerras de baja intensidad", el asesinato selectivo de luchadores ("terroristas"), por la liberación de sus pueblos, han invertido miles de millones de dólares para montar un poder mediático monopólico que golpea los cerebros diariamente con sus mentiras onnubilando la potencial capacidad crítica del pensamiento y han creado el más poderoso sistema de espionaje que una tecnología de avanzada, en permanente perfeccionamiento les permite.En el campo económico, tres años después de la desaparición de la URSS, Estados Unidos estableció las reglas incuestionables del funcionamiento de la economía global.

Dueños de los recursos financieros establecieron las condiciones del crédito "orbe et urbi". La premisa era simple: la ventaja tecnológica que tenía Estados Unidos no le permitiría a ningún otro país alcanzarla y, en consecuencia, estarían condenados a sobrevivir endeudados eternamente. Y para amortizar la deuda y renovarla "sine die", la primera regla que los países endeudados debían respetar era que los recursos fiscales tenían como primer objetivo, cumplir con esas obligaciones.Sin embargo, los estrategas imperialistas, olvidaron la segunda ley del modo de producción capitalista, descubierta por Marx: la "tendencia decreciente de la tasa de ganancia".

A comienzos de 1970, los monopolios estadounidenses, buscando salarios más bajos, se ubicaron en países y ciudades del sudeste asiático que ofrecían esas condiciones y, además un buen nivel de educación científica que permitía el desarrollo de las nuevas tecnologías. Así pasaron a desarrollarse en este campo, Corea del Sur, Malasia, Singapur, Hong Kong y Taiwán, denominados por la gran prensa estadounidense, los "tigres" asiáticos. El mercado de esta producción era Estados Unidos.

En 1979, la República Popular china, siguiendo las doctrinas de Deng Xiapoing, creó siete zonas libres, a la inversión extranjera que pronto se desarrollaron y empezaron a producir y exportar mercancías de tecnología de vanguardia (en esas zonas invirtieron monopolios de Estados Unidos, Japón y la Unión Europea).Estados Unidos acordó, asimismo, con Canadá y Estados Unidos una zona de libre comercio (el N. A. F. T.A), trasladando industrias a Canadá y México. En la década de los 90, los monopolios de Estados Unidos producían bienes en el Japón, el sudeste asiático, China y la Unión Europea, todas producciones cuyo mercado externo era Estados Unidos.

La industria radicada en su territorio se debilitó, convirtiéndose el país en un "Estado Rentista", donde imperaba como motor económico la gran especulación bursátil o "ficticia" de papeles sin base material real.Esta gigantesca "burbuja" tenía que explotar y explotó en el 2008 y sus efectos se trasladaron como un relámpago a todo el sistema financiero occidental, iniciándose la crisis económico-financiera que dejó pequeña a la de 1929, y todavía sigue su curso, sin previsiones halagüeñas.En este contexto, con un crecimiento vigoroso de China, India y una recuperación de Rusia a partir del 2000, que había conservado su potencial militar científico-tecnológico, al que se agregó la nueva tendencia liberadora de la dependencia imperialista de América Latina, con el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela, en 1998, Estados Unidos ve peligrar su hegemonía mundial que, en 1991, consideró "el fin de la Historia".

Tal es, en nuestra opinión, la causa profunda de la agresividad actual del imperialismo norteamericano que parece dar "manotazos de ciego" en Afganistán, Iraq, Libia, Siria y Ucrania y,  al mismo tiempo, no puede resolver los problemas sociales domésticos, prisionero del modelo rentista al que lo han llevado, de manera inexorable, las propias leyes objetivas de su modo de producción y que su poder mediático, que abarca todo el Occidente ( y del cual nuestros medios locales son satélites), insiste en proclamar como la mejor receta para la liberación de la humanidad.

 
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