Author`s name Timothy Bancroft-Hinchey

O que há atrás do Operativo Emmanuel?

¿Qué hay detrás del “Operativo Emmanuel”?

Los socialistas revolucionarios seguimos creyendo que la única paz real que se puede lograr en Colombia es si se derrota al imperialismo, al gobierno de Uribe y se impone una salida obrera, campesina y popular.

Artículo escrito por Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista

El rescate de las dos rehenes colombianas y la recuperación del niño Emmanuel replantea el carácter del conflicto de Colombia. La política belicista y pro Bush del gobierno de Uribe sufrió una derrota.


¿Cuál es el papel de las FARC? ¿Por qué sus acciones no ayudan al movimiento de masas? ¿Hacia dónde apuntan las propuestas de Chávez? ¿Puede haber una paz negociada? Pese a nuestras profundas diferencias con las FARC, reclamamos que sean reconocidas como fuerza beligerante.
Es evidente que Uribe y su gobierno hicieron lo imposible, con el apoyo de Bush y los EE.UU, para evitar el rescate humanitario de Clara Rojas y Consuelo González.


Está claramente demostrado, por las declaraciones de las liberadas, que la zona que iban transitando hacia el lugar del rescate era permanentemente bombardeada por las Fuerzas Armadas colombianas poniendo en riesgo hasta la propia vida de las dos secuestradas, mientras Uribe hacía declaraciones de que todo estaba garantizado.


Como también está demostrado que todo lo consultaba telefónicamente con Bush.


Uribe y Bush no sólo querían evitar fortalecer la imagen de Chávez, que aparecía como el garante del operativo Emmanuel, sino que buscaban sostener su política belicista y de “tierra arrasada” para con las guerrilla y los movimientos de resistencia en Colombia.


El gobierno de Uribe es aliado número uno de Bush en Sudamérica, para su política belicista y armamentista mundial. Uribe se llena la boca de “paz”, pero es un gobierno con métodos facistizantes y represores hacia el movimiento de masas, no solo hacia la guerrilla.


Si bien el Plan Colombia, alentado por los EE.UU, ha fracasado como el intento de intervenir fuerzas yanquis directas, Uribe sigue fortaleciendo, con el argumento del combate al terrorismo, el armamentismo, la represión de los militares como la actuación de grupos paramilitares, ligados al narcotráfico.


Uribe es un hombre estrechamente ligado a estos sectores. Uribe quiere ser el mejor garante de los intereses de las multinacionales, de los narcos y de la gran burguesía colombiana.


En este marco, como lo señala el dirigente socialista venezolano Miguel Hernández, la liberación de las dos rehenes es “un triunfo democrático” (ver nota ). Se derrota la maniobra del eje Uribe-Bush.


Las FARC y el conflicto colombiano


Pero también el llamado “Operativo Emmanuel” pone sobre el tapete el carácter del conflicto armado de Colombia, el rol de las FARC, su política y sus métodos, y cuál es la salida.


Uribe y el imperialismo quieren mostrar que se trata de bandas terroristas ligadas al narcotráfico y “son simples delincuentes”.


Los socialistas revolucionarios rechazamos categóricamente todo esto y denunciamos que Uribe y Bush quieren de esta forma justificar su política represora y de ingerencia de los yanquis en la región.


Para nosotros la guerrilla colombiana es una expresión, con políticas y métodos que no compartimos, de la explotación y la represión capitalista que sufre Colombia, como el resto de los pueblos del mundo.


En particular las FARC, que surgieron hace más de 40 años, reflejan distorsionadamente a los sectores explotados del campo, y por eso siempre han tenido gran peso en el campesinado. Desde su origen estuvieron ligados al PC y surgieron como parte de la autodefensa armada campesina contra los grupos armados por los terratenientes.


Muchos compañeros pueden tener cierta simpatía con las FARC porque las ven actuar con las armas en la mano contra el nefasto Uribe y el imperialismo y tienen el apoyo de Chávez.


Nosotros no cuestionamos la valentía o el heroísmo de los combatientes de las FARC, cuestionamos su política y su métodos de acción.


Lamentablemente los hechos vienen mostrando que ese accionar no le sirve al movimiento obrero y de masas colombiano ni latinoamericano.


Las FARC pasaron por varias etapas y fueron cambiando su accionar como su apoyo social. Desde los años 80, profundizaron, con el auge del narcotráfico, un accionar violento y de secuestros extorsivos que los fue alejando de la simpatía de las masas colombianas.


Su preocupación no es unir la lucha campesina con la urbana y del movimiento obrero. Durante años hicieron tomas de poblaciones bombardeando sitios policiales o militares pero provocando devastaciones de cascos urbanos enteros matando a población civil.


En las rutas hacían “pescas milagrosas” que eran secuestros de personas en autos para extorsionar, tipo secuestros express. En las zonas agrarias que dominan no hacen la reforma agraria (reparto de tierras) sino que le cobran impuestos a los terratenientes, a los narcos y a empresas multinacionales.


No apoyan las huelgas sindicales. Y desde hace años tienen a decenas de civiles secuestrados como han sido los casos de las dirigentes políticasClara Rojas, Consuelo González y la más emblemática, Ingrid Betancurt.


Todo esto las ha ido desprestigiando en el pueblo colombiano, en donde han perdido peso. Y encima este accionar no ha hecho más que incentivar la represión de Uribe y de los grupos paramilitares. Similar a lo que sucedía en Argentina en los 70 con la guerrilla urbana y la Triple A.


La aberración en sus métodos se vio claramente en el “Operativo Emmanuel” cuando se descubrió que en realidad no tenían al niño y pusieron todo al borde del fracaso. Y encima le sirvieron en bandeja argumentos a Uribe y Bush que intentaron capitalizar ante el mundo.


Sus métodos tienen que ver con su proyecto político. Las FARC no son una guerrilla que tenga el objetivo de tomar el poder junto al movimiento obrero y campesino.


Todo su accionar tiene como estrategia buscar una salida negociada para integrar un gobierno amplio, pluralista y de centroizquierda, o sea un gobierno con fuerzas patronales. El comandante Reyes, en un reportaje a Clarín, dijo que “dejarían las armas” si surge un “gobierno de centroizquierda” en Colombia.


Unidad contra Uribe y por el reconocimiento de las FARC como fuerza beligerante


Más allá de las diferencias con las FARC, sabemos que los enemigos fundamentales de los trabajadores y el pueblo colombiano son el gobierno de Uribe, los grupos paramilitares y el imperialismo yanqui.


Por eso llamamos a la más amplia unidad para repudiar a Uribe, a su gobierno, y a Bush; para apoyar las luchas obreras y populares del pueblo de Colombia contra el estado represivo, contra el plan del FMI y por la libertad de los presos políticos.
Somos parte de los que reclamamos, desde hace años, que las FARC y el ELN sean reconocidas como fuerzas beligerantes con todos los derechos del Tratado de Ginebra y que cese todo accionar militar contra la guerrilla. Y nos pronunciamos por la libertad del dirigente de las FARC Simón Trinidad, deportado por Uribe y preso en EE.UU. Necesitamos una amplia unidad de acción por todos estos puntos.


Por otro lado, le reclamamos a las FARC que terminen con el secuestro de civiles y liberen en forma unilateral a Ingrid Bentancurt y a todos los rehenes civiles.


Y que se unan a la lucha obrera y popular, que dejen de hacer acciones aisladas y se subordinen a las decisiones del movimiento obrero y popular de Colombia.


Chávez y las FARC



¿Qué hay detrás de la postura de Chávez? ¿Qué proyecto político tiene? Es indudable que Chávez necesitaba salir airoso de este canje después de su derrota política en el referendo constitucional. El error garrafal de las FARC sobre la tenencia de Emmanuel, lo pusieron al borde de otro desastre del cual logró salir airoso.


Chávez ahora ha salido con la propuesta correcta de que las FARC sean reconocidas como fuerza beligerante. A su vez llama a una negociación por la paz que también podría contar con el apoyo de los gobiernos de Francia, Argentina y Brasil. ¿A qué apunta dicha negociación?


Nosotros coincidimos con el reclamo de fuerza beligerante pero discrepamos con la política de paz negociada y con el proyecto político que une a Chávez con las FARC, más allá de que tenga diferencias con ellas en la cuestión de los secuestros u otras.


Chávez tiene la política de lograr una salida negociada para las FARC, para ver si se instala en Colombia otro gobierno al estilo “bolivariano”. Según él, las FARC “tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano que aquí es respetado” ( Clarín , 12-1). O sea, “un gobierno de centroizquierda”, de colaboración de clases como lo señalara la comandancia de la guerrilla en reiteradas oportunidades.


Sobre las posibles negociaciones de paz discrepamos no porque estemos en contra de toda negociación. En una huelga o en cualquier lucha hay negociaciones, más en situaciones de retroceso o derrota. En primer lugar, no vemos que sea el caso de las FARC.


En segundo lugar, lo que rechazamos es qué se quiere negociar. Ya tenemos antecedentes en esto. Como fueron los de Nicaragua y El Salvador en los 80. Las direcciones de la guerrilla en el acuerdo de Contadora -con el apoyo de Cuba-, pactaron no ir al socialismo, ni a gobiernos obreros y campesinos y aceptar ser parte del régimen democrático burgués. Así se perdieron esas inmensas luchas revolucionarias.


Hoy Chávez, Lula o Kirchner como sectores de la propia burguesía colombiana, buscan algo similar para el caso Colombia.


Los socialistas revolucionarios seguimos creyendo que la única paz real que se puede lograr en Colombia es si se derrota al imperialismo, al gobierno de Uribe y se impone una salida obrera, campesina y popular.


No es fácil, pero es el único camino para una verdadera paz. El otro, es el de la continuidad de la explotación y la miseria, como ocurrió en Nicaragua y El Salvador.

Chávez ha tenido un rol central en la negociación con las FARC para la liberación de las dos rehenes. En eso ha tenido el apoyo de Kirchner, de Lula y del imperialismo francés, con el gobierno de Sarkozy, que a diferencia de Bush estaría por buscar una solución negociada a los rehenes de las FARC.