Author`s name Timothy Bancroft-Hinchey

Uma crise económica largamente anunciada

Una crisis económica largamente anunciada

Incertidumbre sobre su profundidad

Las cátedras de Economía de las principales Universidades de Estados Unidos y Europa, coinciden: la recesión ya ha comenzado en la principal economía del mundo. Por su parte, el gobierno de Bush, los partidos políticos y los grandes medios que son los voceros del sistema, enfrentados a un año electoral, tratan de mitigar el impacto de la evidencia de los hechos. Por su parte, hasta los grandes bancos y especuladores que desesperadamente reclaman a la Reserva Federal la inyección de dinero barato, están admitiendo que la bancarrota generalizada es inevitable.

El economista Paul Krugman, catedrático del MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) y columnista de “The New York Times”, perteneciente a la escuela neokeynesiana y al Partido Demócrata, ha escrito, en los últimos tiempos varios artículos sobre el tema: Uno lo tituló “El momento del Coyote” y otro, muy reciente, “No llores por mí, América”. En el primero, recurría a la conocida historieta del “Correcaminos” y a las ilusiones del Coyote que siempre terminaban en un fracaso. A los norteamericanos les estaba ocurriendo lo mismo. El tiempo de las ilusiones se ha acabado y había llegado el momento de la estruendosa caída a tierra.

Entre tanto, en Davos, el 24 de enero, el megaespeculador, George Soros, sacudió a su audiencia de grandes banqueros y especuladores, expresando: “La crisis en la que estamos entrando será la mayor que hemos vivido. Nos encontramos al final de una época: la hegemonía de Occidente, que ha tenido hasta ahora de su lado la balanza de poder, se traslada hacia Oriente”.

Es una crisis estructural largamente anunciada. Marx la explicó científicamente en los tres tomos de “El Capital”(1859-1883). La Revolución Rusa de Octubre de 1917, inició el tránsito del capitalismo al socialismo, cuando los imperialismos se despedazaban en una Guerra Mundial por el control de los mercados. La crisis del sistema capitalista de 1929 y el éxito de los Planes Quinquenales en la URSS , así como la victoria de ésta sobre el nazi-fascismo en 1945, llevaron a pensar que la declinación histórica del régimen burgués era inexorable.

Sin embargo, la desintegración del Campo Socialista Europeo, incluyendo a la Unión Soviética , en 1991, llevó a las usinas ideológicas del capitalismo a proclamar la victoria eterna del sistema. El imperialismo norteamericano, acompañado del capitalismo europeo y japonés, impuso la apertura irrestricta a la circulación de capitales y mercancías, arrasando con las soberanías de los países dependientes que necesitaban la protección para desarrollarse.

Esta ilusión ha durado muy poco, porque los países imperialistas, obligados a unirse para enfrentar al sistema socialista, crearon las condiciones para profundizar sus contradicciones. Estados Unidos tuvo que proveer la industrialización de Europa Occidental y del Japón, creando así potenciales competidores. Y la necesidad de contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia lo llevó a industrializar a los países del sudeste asiático, -en la década de los 70’- política a la que se incorporó China, siguiendo las doctrinas de Deng Xiaoping, en 1979. Estos cambios en la estructura del comercio mundial, generaron un déficit creciente de Estados Unidos en el intercambio con esas regiones.

En el campo monetario-financiero, Estados Unidos impuso su plan en la Conferencia de Bretton Woods, en julio de 1944, sustituyendo el oro por el billete dólar, basándose en el enorme volumen de stock aurífero que tenía en ese momento. Las transacciones comerciales y las financieras se hicieron en dólares y las reservas monetarias en dólares pasaron a sustituir las reservas en oro de los bancos centrales.

Los déficits comerciales fueron reduciendo el stock de oro de Estados Unidos quedando el billete dólar sin respaldo metálico. A este problema estructural se agregaron las bases militares que instaló en todo el mundo, las guerras de Corea y Vietnam y ahora las del Medio Oriente y Afganistán, las que han ido generando un astronómico déficit fiscal. Los déficits gemelos –balanza comercial y presupuesto- se transformaron en un problema endémico que el imperialismo norteamericano, aprovechando el tamaño y la necesidad de su mercado comprador, “resolvió” haciendo pagar sus costos a los países dependientes.

Destruidos los fundamentos de una política macroeconómica, que los economistas liberales desde Adam Smith y Ricardo consideraban la clave del éxito, –equilibrio comercial y equilibrio fiscal-, le quedó a Estados Unidos, utilizando el privilegio de manejar su moneda, sin respaldo, a su antojo, el campo de la especulación, para evitar una devaluación masiva del capital acumulado, ya que su producción no es competitiva en los mercados mundiales y la tasa de ahorro, prácticamente inexistente.

Los economistas de Harvard, del MIT y de Chicago, entre otros, estiman que desde 1980, cuando Reagan llegó al poder, la economía norteamericana ha sido alimentada, permanentemente, por las voluminosas emisiones de la Reserva Federal que entregaron a los bancos dinero barato para estimular el crédito al consumo. Los bancos formaron colaterales de todo tipo, para eludir controles y obtener ganancias fáciles. Así se fue formando una escalera de endeudamiento del consumo que ha minado los sectores de la vivienda, la industria automotriz y, en general, las tarjetas de crédito.

Soros dijo en Davos, y creo que tiene razón, que esta crisis no es de liquidez sino de solvencia. Por lo tanto, las medidas adoptadas por la Reserva Federal y el Plan de Bush, de reducir más los impuestos a los grandes contribuyentes, para que reinviertan, no darán resultado. Sólo beneficiarán a los bancos para salir del atolladero, pero la capacidad de mayor endeudamiento de millones de norteamericanos, para reavivar el consumo, está saturada. Asimismo, el derrumbe general de la burbuja financiera, creada en gran parte artificialmente, que está fuera del control de los bancos centrales, puede llevar a todo el sistema al precipicio.

La discusión entre los especialistas no está, pues, en este campo, sino en la profundidad que tendrá esta crisis. Unos dicen que afectará a todo el mundo por la amplitud que tienen los lazos financieros y comerciales con Estados Unidos que consume el 20% del producto mundial. Otros, opnan que la crisis será “amortiguada”, por la Unión Europea , el Japón y las “economías emergentes” de China, Rusia y la India , que pueden hacerse cargo de las exportaciones que no podrá comprar Estados Unidos, por la contracción de su mercado. Aun, en esta hipótesis, las coincidencias son unánimes que, en el continente americano, los más afectados serán México, Canadá (atados a Estados Unidos por el NAFTA) y los países que han firmado los Tratados de Libre Comercio con Washington.

Por otra parte, el aumento de la liquidez en Estados Unidos y la amplitud de su déficit fiscal, seguirán debilitando al dólar y los acreedores en el mundo, por centenares de miles de millones del billete verde, seguramente presionarán por un nuevo sistema monetario internacional que les dé la seguridad que el dólar no les puede brindar.

Es indudable que el colapso de la economía norteamericana, tendrá profundas consecuencias políticas. Pero este tema merece otro comentario.

Ruiz Pereyra Faget