Author`s name Timothy Bancroft-Hinchey

Carta ao Povo Brasileiro

"Completar la independencia nacional será el principal objetivo de Patria Libre"

Compañeros:

El Comité Central del Movimiento Revolucionario 8 de Octubre (MR8), reunido en São Paulo desde el día 5 de diciembre, aprobó el último día 7 la "Carta al Pueblo Brasileño" que estamos enviándoles.

Dirigentes y militantes llegados de todas las regiones del país debatieron, durante la reunión, el informe proferido por nuestro secretario general, Sérgio Rubens de Araújo Torres, que avalió los cambios ocurridos en la economía brasileña en los años recientes, la composición del frente nacional necesario para la realización de las transformaciones que nuestro país y nuestro pueblo necesitan - y las perspectivas después de la eclosión de la crisis en los EUA y demás países centrales.

"Los más de 40 años de experiencia del Movimiento Revolucionario 8 de Octubre en las luchas políticas y sociales de nuestro pueblo nos dan la convicción de que para hacer frente a ese momento es imprescindible el registro de un nuevo partido político en el Brasil", dice la Carta que sintetiza las conclusiones de la reunión. "De la letra del Himno de la Independencia viene el nombre de este nuevo partido que convocamos a la brava gente brasileña a construir con nosostros: Partido Patria Libre . Porque es exactamente de eso que se trata: concentrar todas las energías para completar la gran obra de la independencia nacional. (….) La mayor parte de esa construcción, que comenzó con Tiradentes, pasó por Getúlio y llegó a Lula, ya fue realizada. Pero lo que falta deja al país y al pueblo vulnerables a la expoliación externa que dificulta nuestro desarrollo económico, político, social y cultural. Concluirla aceleradamente será el principal objetivo de Patria Libre".

La primera reunión de la Comisión Organizadora del nuevo partido, que está siendo formado, será en enero.

Con un saludo fraterno y revolucionario,

Secretaría de Relaciones Internacionales del MR8

Carta al Pueblo Brasileño

El Brasil vive un momento decisivo de su historia.

La crisis económica producida por la especulación irrefrenada de los monopolios para obtener mega-lucros al margen de la producción reventó en el corazón de Wall Street y se esparce por Europa y el Japón.

Las supersticiones neoliberales, que libraron de cualquier control social a la ganancia devastadora de las fieras, elevaron a niveles inauditos la desproporción entre la capacidad de producción y el nivel de consumo de las grandes masas empobrecidas – y acabaron por cobrar su amargo precio.

Nunca hubo período en que los monopolios disfrutasen de tamaña libertad para afrontar la resistencia a sus intereses con los métodos que derivan de su condición intrínseca de perseguir un lucro más allá del obtenido por la extracción directa de la plusvalia de sus empleados: fijación de sobreprecios, especulación, fraude, soborno, espionaje, chantaje, intimidación, asesinato, pillaje y genocidio.

El grado de profundidad de la depresión que fatalmente ocurrirá en los países más tocados está en la razón inversa de la capacidad de los gobiernos y de la movilización popular de establecer sólidos mecanismos de contención de esas práticas - mientras no sea posible superarlas por un ordenamiento económico donde las empresas públicas ocupen el lugar de los monopolios privados.

Los monopolios son el fruto podrido y envenenado del modo de producción capitalista. Brotaron de la impotencia del mercado frente al proceso de concentración y centralización del capital y se vuelven contra él para librarse de las amarras de la concurrencia e imponer su tiranía. Por eso ya se dijo, con mucha propiedad, que su surgimiento anuncia el agotamiento del sistema.

Pero sería tontería pensar que el socialismo, por ser la alternativa más avanzada al dominio de los monopolios, sea la única opción cuando se trata de combatirlos efectivamente. El mercado no tiene como evitar el nacimiento de sus edipianos retoños. Y, maniatado por ellos, no puede restringir su acción. Pero el Estado, a depender de la fuerza que tengan dentro y fuera de él los trabajadores y el capital privado no-monopolista, puede contenerlos. Más: puede evitarlos, e inclusive eliminarlos, a través de la constitución de empresas estatales, sin que el socialismo haya sido implantado. Por lo tanto, no es recomendable huir de las complejidades de la vida, porque la consecuencia sería cambiar la lucha política por un propagandismo esteril e inmobilista.

Como toda la crisis ocurrida en el centro del sistema imperialista, ésta también puede, en decurrencia de las medidas que adoptemos para enfrentarla, atropellarnos o fortalecer nuestra independencia.

Los monopolios de los medios y la oposición, en absoluta discrepancia con los interesses de la Nación, difunden toda especie de comentarios, pseudoteorías y previsiones alarmistas que puedan ayudar a la crisis a introducirse en el país.

En el afán de responsabilizar al presidente Lula por las dificultades económicas que advendrían de esta invasión, los cuervos siembran el desorden, sin medir las consecuencias. La perspectiva de poder extraer algún dividendo electoral del sacrificio del país los ciega para el alto precio que acabaría teniendo que ser pago por todos.

Sin embargo, es perfectamente posible derrotarlos también esta vez, impediendo la crisis y acelerando el crecimiento económico.

Antes que todo, es preciso reducir las tasas de intereses astronómicas practicadas en el Brasil.

Sin erradicar esa plaga, cultivada por los sectores interesados en transferir renta del sector productivo a los monopolios financieros, ninguna medida de combate a la crisis tendrá eficacia y ni siquiera será llevada a serio por los agentes económicos.

La propia imagen del Brasil en el G-20 sufriría un daño considerable si hiciese internamente lo opuesto de lo que nuestro presidente aprueba y defiende en las reuniones internacionales.

Paralelamente, es preciso intensificar el proceso iniciado por el gobierno Lula de fortalecer la acción del Estado en la economía, a través de la inversión pública, de la expansión del mercado interno, de la ampliación de la infraestructura, de la substitución de importaciones - y reforzarlo con el control sobre el flujo de capitales y la regulación económica estatal donde ella se haga necesaria. En una palabra: retomar y profundizar el proyecto nacional-desarrollista, cuyos cimientos fueron plantados en la era Vargas, y depositar en la basura de la historia los restos del modelo dependiente en su versión más extremada, la neoliberal.

El proyecto nacional-desarrollista tiene por base la alianza entre el Estado, los trabajadores y el sector privado nacional para defender el país de la vorágine de los monopolios y promover, simultaneamente, crecimiento económico y distribución de la renta.

Históricamente, cuando fue implantado, no tenía sentido hablar de monopolios nacionales, pues eran todos externos, aunque mantuviesen filiales en el Brasil.

Hoy, no se puede decir lo mismo. En el ramo financiero, en el de las telecomunicaciones, mineración, siderurgia, petroquímica, construcción y otros surgieron empresas nacionales - nueve entre diez cevadas a la sombra del criminal proceso de privatizaciones - que reproducen las prácticas anti-sociales de los monopolios externos y comparten con ellos el espacio en los mismos carteles para acaparar el mercado, despellejar consumidores, triturar proveedores y chupar al Estado, bloqueando, en consecuencia, el libre desarrollo de las fuerzas productivas nacionales.

Confundir esos sectores con el capital privado nacional no-monopolista sería un error de consecuencias desastrosas. La peor cosa que el gobierno podría hacerle al Brasil y a sí mismo en el momento de emplear el máximo de firmeza para conjurar la amenaza de penetración de la crisis sería facilitar a cualquier especie de monopolio privado el acceso a los recursos públicos, en detrimento de los sectores que pueden, de hecho, apalancar el desarrollo: el sector estatal y el sector privado nacional no-monopolista.

Al hacer balancear dentro de los EUA viejos mastodontes como el Citibank, la General Motors y otros tantos, la crisis internacional abre anchas avenidas para el desarrollo del Brasil. Pero ninguna de ellas pasa por el fortalecimiento de la acción de los monopolios en el interior de nuestra economía.

Muestra de eso fue dada con la escandalosa utilización del compulsorio por los bancos para adquirir patrimonios y no para liberar crédito conforme lo prometido; con las fraudes de la Odebrecht, a expensas del BNDES, en el Ecuador y en Venezuela; con las maniobras de la Vale do Rio Doce para catapultar el precio de los minerales; con el secuestro de las máquinas de los agricultores de Mato Grosso, por bancos que ni siquiera les prestaron recursos propios, pues operaban como repasadores de recursos del BNDES; con la reedición de la práctica terrorista de las montadoras de usar las vacaciones colectivas como prenuncio de demisiones, a pesar de recibir R$ 8 mil millones del sector público - Banco del Brasil y Nossa Caixa - para financiar las ventas de vehículos.

Es verdad que nuestro deber de brasileños nos obliga a asumir la defensa de cualquier empresa nacional (mismo monopolista) en las eventuales disputas resultantes de sus contradicciones con los monopolios externos, pues las primeras no tienen por meta remitir lucros - declarados o no - para fuera del país.

Sin embargo, lo más importante es dejar claro para el conjunto de la sociedad el antagonismo entre los monopolios privados de cualquier origen y la perspectiva de desarrollo con distribución de renta, lo único que interesa a los trabajadores y a la aplastante mayoría del empresariado nacional - pues crecimiento económico con concentración de la renta es, y no tiene como dejar de ser, la ante-sala de todas las crisis.

Al contrario de los monopolios externos, cuyos 500 mayores controlan a través de 420 filiales cerca de 40% de nuestra economía, los monopolios nacionales no llegan a dos decenas. A medio plazo, hay apenas dos posibilidades: ser tragados por monopolios externos o cruzar las fronteras para piratear a los vecinos. Como la formación histórica, social y cultural del Brasil es un poderoso freno al ejercicio del segundo papel, el camino que acabaría imponiédose sería la desnacionalización de esas empresas.

Por lo tanto, la idea de compensar el drenaje de nuestros recursos para afuera, realizada por las multinacionales extranjeras, con el drenaje de recursos para dentro, a través de "multinacionales brasileñas", es un atajo que lleva al precipicio. Ilusión sinverguenza, dispendiosa y suicida, cuando implica en retirar recursos vitales a la expansión de la producción interna para financiar vía BNDES - o sea, con recursos del Fondo de Amparo al Trabajador - una versión caricatural de la aventura ultramarina.

Hoy, más que nunca, lo que interesa al pueblo brasileño es avanzar en el camino indicado por el presidente Lula con el PAC: crecimiento económico con expansión del mercado interno - más producción, más empleo y más salario.

Para eso es indispensable ampliar, en el interior de la economía nacional, el peso del sector estatal y del sector privado nacional no-monopolista en relación a los monopolios, pues en el Brasil, así como en el mundo, son ellos la fuente de los mayores problemas y de las mayores desgracias.

Al debilitarlos, la crisis internacional nos ofrece una oportunidad impar de acelerar ese proceso. No debemos desperdiciarla.

Los más de 40 años de experiencia del Movimiento Revolucionario 8 de Octubre en las luchas políticas y sociales de nuestro pueblo nos dan la convicción de que para hacer frente a ese momento es imprescindible el registro de un nuevo partido político en el Brasil.

Ese partido debe guiarse por cinco presupuestos básicos:

1º. Que en la actual etapa de nuestro desarrollo histórico la principal cuestión de la lucha más amplia y fundamental por el avance de la democracia está en la superación de las relaciones de producción dependientes, o sea, en la conquista de la plena independencia nacional.

2º. Que esta lucha corresponde a las necesidades e intereses de todos los sectores de la sociedad brasileña, a excepción de los monopolios, e implica en la constitución de un frente de fuerzas políticas y sociales que abraze y transforme cada vez más en realidad viva el proyecto nacional-desarrollista.

3º. Que políticamente este frente está hoy constituído por los partidos que integran la base del gobierno, con destaque para el PT y el PMDB, que son los mayores y más influyentes. La principal expresión y el principal líder de esa alianza es el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Fuera de ella lo que existe es el retroceso. Por eso, utilizar reales o supuestas limitaciones del frente para combatirlo, en lugar de luchar para impulsionarlo, sólo ha llevado a sectores que se pretenden a la izquierda al vejatorio papel de linea auxiliar de las viudas del neoliberalismo encastilladas en el PSDB y en el Dem.

4º. Que el ritmo de desarrollo de todo ese proceso de luchas es dictado por el grado de conciencia y organización de sus mayores interesados, los trabajadores. Por lo tanto, la actuación del partido en el movimiento sindical y en los movimientos sociales es fundamental y decisiva.

5º. Que en el horizonte de la lucha por la ampliación de la democracia está la construcción de una sociedad socialista, donde el mercado, en lugar de devastado por los monopolios, sea superado por el planeamiento consciente del conjunto de las actividades económicas, a medida en que los medios de producción se conviertan en propiedad pública, a través de un Estado que incorpore crecientemente a sus actividades a las amplias masas de la población, hasta agotar su papel y extinguirse.

De la letra del Himno de la Independencia viene el nombre de este nuevo partido que convocamos a la brava gente brasileña a construir con nosostros: Partido Patria Libre . Porque es exactamente de eso que se trata: concentrar todas las energías para completar la gran obra de la independencia nacional.

Esta obra todavía no fue concluida. Varias generaciones de brasileños a lo largo de la historia dieron lo mejor de sí para desarrollarla y obtuvieron éxitos notables. La mayor parte de esa construcción, que comenzó con Tiradentes, pasó por Getúlio y llegó a Lula, ya fue realizada. Pero la que falta deja al país y al pueblo vulnerables a la expoliación externa que tullir nuestro desarrollo económico, político, social y cultural.

Concluirla aceleradamente será el principal objetivo de Patria Libre.

El primer paso de esa caminada es recoger las 500 mil firmas, hasta el mes de junio de 2009, para que el PPL pueda presentar sus candidatos a las elecciones de 2010.

A los compañeros del PMDB, con los cuales tuvimos la honra de convivir por más de 30 años en el interior de la misma estructura partidaria, repartiendo el pan, las glorias y eventuales desventuras, nuestro sincero y conmovido reconocimiento. Seguiremos juntos en el gran frente nacional que se aglutina en torno del presidente Lula, por el cual tanto nos batimos y que, aún más que antes, continuará a contar con nuestra plena dedicación.

São Paulo, 7 de diciembre de 2008.

Comité Central del Movimiento Revolucionario 8 de Octubre