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Semana Santa: A Trindade Monoteista

30.03.2007
 
Pages: 1234
Semana Santa: A Trindade Monoteista

María del Águila Boge Pineda

EL JUDAÍSMO

Sevilla, España (INPA) Proyectadas bajo las sombras alargadas de las pirámides faraónicas de Atón, las tres religiones monoteístas mayoritarias, judaísmo, cristianismo e islamismo, nacen a tiro de piedra unas de otras como espejismos de las arenas desérticas de la península arábiga.

Semitas bíblicos hijos de Sem hijo de Aram, escribieron en arameo, lengua imperial que abarcaba el siríaco, caldeo, asirio, hebreo y árabe, la saga de su etnia. Una accidentada historia de cautiverios y repatriaciones, su particular interpretación de la creación del mundo, la confesión introspectiva y contrita de sus pecados, errores y desviaciones en el trato directo con Dios, los terribles anatemas de sus profetas. Conmovedora historia humana, si prescindimos de las exégesis posteriores, que le restan grandiosidad.

Ingente obra literaria, el Antiguo Testamento cuenta con el mayor número de traducciones y reediciones. Su denso lenguaje poético, tanto sacro como profano, ha influído en las Letras de todos los pueblos de Occidente, de lo que tal vez la lengua española sea el exponente más ajustado, así como Homero sigue influyendo en la épica universal.

El elitismo endogámico del llamado a sí mismo Pueblo elegido de Dios, se circunscribía al reino de Israel. De unidad y unicidad étnica y religiosa,el judaísmo apenas va a extenderse más allá de su propia raza y territorialidad. El sincretismo aperturista de Salomón, que pudo haber conseguido un imperio, fue anatematizado por los profetas.

Cultura tan patriarcal como matriarcal, dá una gran preeminencia a la mujer: Sara, esposa de Abraham, madre de Isaac, salvado del sacrificio por orden de Dios; Agar, la concubina egipcia madre del primogénito Ismael, ambos arrojados del seno familiar. Rebeca, mujer del amnistiado Isaac. Raquel, mujer de Jacob, padre de las doce tribus de Israel. Rut la moabita, abuela del rey David. Betsabé, la adúltera y luego reina, madre de Salomón. La joven viuda Judit, que seduce a Holefernes para decapitarlo después. Esther, la cautiva que llega a desposarse con el gran rey Asuero, que tras su conquista de Babilonia repatria al pueblo Judío y permite reconstruir el templo de Salomón, destruído por Nabucodonosor.

A pesar de ciertas afinidades teosóficas del pensamiento Judío con el de Platón y Aristóteles, muy otro curso hubiera seguido la Historia si Antíoco IV al erigir en el Templo al Zeus Olímpico, hubiera conseguido helenizar a Israel. Las Escrituras traducidas, y los Evangelios ya en tiempos cristianos, se van a divulgar en griego.

Bajo la dominación romana, el emperador Tito destruye definitivamente el templo y la ciudad santa de Jerusalén en el año setenta de la Era Cristiana, causando la diáspora más larga de todos los tiempos, hasta nuestros días. Muchos judíos son deportados a Hispania, que ellos, con sonoridad de vocablo del Cantar de los cantares, llaman Sefarad, que va a ser su patria durante más tiempo que el que transcurre entre el asentamiento de Abraham, el emigrante más afortunado de la historia, en las tierras de Canaán, donadas por Dios, y la esclavitud en Egipto; o de la monarquía hasta la Diáspora.

Del Templo, tantas veces saqueado o destruído, sólo les quedaría una pared en la que lamentarse durante veintiún siglos. Sin embargo, en este fenómeno único de incoluminidad e indisolubilidad tanto en tiempo como en espacio, el pueblo judío continúa cohesionado por sus propias leyes ancestrales: la Torah y el Talmud. Es la religión Padre.(INPA)

EL CRISTIANISMO

El último profeta del Antiguo Testamento, Jesús de Nazaret, se proclama el Mesías esperado de Israel, Hijo de Dios y Salvador de los hombres. A pesar de su inapelable defensa de que su reino no es de este mundo, el procurador romano le condena a crucifixión por Rex judeorum, junto con su propio pueblo por impostor. Pero es precisamente la doctrina del manso nazareno la que va a socavar los cimientos del imperio más grande del mundo de sus tiempos. La fecha de nacimiento del Mesías no aceptado por los suyos, marcará una nueva Era para todo el Occidente. Es la religión Hijo.

Pablo de Tarso, judío y ciudadano romano, exime a los gentiles del estigma de la circuncisión y abre las puertas de la nueva iglesia universal, de la que Roma va a ser su capital. Los apóstoles cristianizan toda el Asia Menor hasta Armenia. Llegan a Etiopía, Atenas y Alejandría y desde Roma el cristianismo se extiende hasta los más remotos confines del imperio.: Hispania, las Galias, Bretaña, llenando sus tierras de mártires, santos y anacoretas. Ya cristianizado el imperio, Constantino el Grande, en el año 313 promulga la tolerancia con el Edicto de Milán, y asienta su corte en la Bizancio griega, ahora Constantinopla.

El emperador Teodosio, "que viene de España, país que se caracteriza por su incultura", escribe Libanio a Prisco, ambos eminentes helenistas, con el Edicto de Tesalónica en el 380, decreta el cristianismo religión del imperio y lo divide en oriental y occidental. Una extensa geografía en la que Papas y Patriarcas, prelados y abades, templos, basílicas, monasterios y sedes episcopales rivalizan con el trono en riqueza y poder: Eusebio y Basilio, Atanasio y Arrio, que niega la divinidad de Cristo. Estas divisiones políticas y religiosas llevanal Imperio al borde de sí mismo. Se produce el Cisma de Occidente. Y es entonces cuando la Iglesia, como poder temporal, sirve de cohesión para prolongarlo más allá de su propia agonía. Surgen padres de la Iglesia como San Agustín de Hipona en África y San Ambrosio en Milán.

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