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Venezuela: Gostando cada vez mais do Bolívar

17.07.2007
 
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Venezuela: Gostando cada vez mais do Bolívar

Venezuela: cuanto mas leo a los mentirosos, mas me gusta Bolivar


Altercom *
Maxime Vivas *

TRADUCCIÓN DEL FRANCES: JUAN VIVANCO, MIEMBRO DE TLAXCALA , LA RED DE TRADUCTORES POR LA DIVERSIDAD LINGUISTICA.

17 de julio de 2007

Cuando se lee la prensa contraria al ascenso de las resistencias en América Latina, llama la atención cómo prescinde de cualquier razonamiento que podría convencer de su nocividad. Sólo recurre a la mentira.

A fin de cuentas, los partidarios de Chávez y sus detractores podrían dirimir sus diferencias en el plano filosófico y ético. Hay espacio para confrontar puntos de vista distintos, concepciones políticas antagónicas sobre la administración de los negocios públicos, las opciones económicas, sociales y culturales, el papel de Estados Unidos en la región, lo que debe ser la democracia, lo que debería ser, o no ser, el socialismo, las virtudes y los males del neoliberalismo en este país.

Es una lástima que los pensadores que podrían situar el debate en este nivel, que podrían darle altura, hayan cedido el puesto a falsificadores de hechos, adulteradores de la verdad, falsarios o, en el mejor de los casos, holgazanes que repiten sin molestarse en verificar.

¿A qué estamos asistiendo en los últimos años?

A la repetición casi maquinal de informaciones tomadas de una fuente única, que más valdría evitar como la peste. ¿Qué fuente es esa? La prensa venezolana. ¿Quiénes son sus dueños? Por lo general, oligarcas inmensamente ricos que viven parte del año en USA y cuya vocación por la información es casi tan fuerte como la de Serge Dassault, Arnaud Lagardère o Patrick Lelay [ 1 ]. A veces el lavado de cerebro se apoya en institutos de sondeo venezolanos. Muchos de ellos pertenecen a los patronos de la prensa.

Casi todas las cadenas de televisión venezolanas son privadas. Son hostiles a un gobierno elegido por el pueblo con gran constancia (once elecciones consecutivas ganadas por los partidarios de la revolución bolivariana). Nueve de los diez grandes diarios nacionales son de oposición. Estas televisoras y estos periódicos han reemplazado en gran medida a los partidos políticos de derechas, completamente derrotados. Sin embargo, son sus «informaciones» y solo ellas las que nuestros medios reproducen a porfía.

Este papanatismo es suicida para nuestra prensa, ya de por sí (¿y por eso mismo?) bastante desacreditada y, por consiguiente, con salud precaria.

Los medios venezolanos participaron masivamente en el golpe de estado de abril de 2002. Algunos, con RCTV en primera fila, fueron sus impulsores. Estos hechos (que no esta «opinión») no necesitan demostración. Hasta en USA lo han admitido con franqueza algunos periódicos. Véase, por ejemplo, Los Angeles Times del 30 de mayo de 2007: «Hugo Chávez contra RCTV» por Bart Jones.

Los medios golpistas se hartaron de mentir mientras duró el golpe. No han dejado de hacerlo desde entonces. Al contrario.

Antes, durante y después del golpe, y sin parar hasta hoy, una cadena como RCTV ha llegado a tales extremos que en Francia no habría durado ni una hora. La lista de sus infracciones es tan larga que su dueño estaría en la cárcel, junto con buena parte de su equipo. ¿Infracciones? ¡Sí, cientos de ellas! Infracciones que ningún medio podría cometer en Francia, en distintos ámbitos: ley sobre publicidad de tabaco y alcohol en los estadios, protección de la infancia, imágenes subliminales, incitación a la desobediencia civil… A lo que hay que añadir la negativa reiterada, arrogante, de dialogar con la CONATEL (Comisión Nacional de Telecomunicaciones) [ 2 ]. Convocada más de 20 veces en 2006, RCTV no se dignó a acudir.

Pues bien, ¿qué leemos en Francia? ¿Artículos de periodistas que han bebido en distintas fuentes? Nada de eso. Sólo nos llegan las versiones de los antiguos golpistas, es decir, los adversarios de la legalidad democrática, los enemigos del sufragio universal, los felones. Incluso en los sitios de la internet comprometidos con la verdad hay lugar para los bulos.

Es tal la avalancha de embustes que se difunden por doquier, que sólo la idea de desmentirlos todos produce cansancio. No quedaría tiempo para otra cosa.

Porque habría que explicarlos uno por uno, pues el lector, de entrada, se muestra incrédulo ante una información que contradice las que ha recibido machaconamente un sinfín de veces.

Si un explorador regresa de la Amazonia contando que allá, en la selva profunda, el agua hierve a 80º, las migalas se acoplan con las culebras y los indios se comen a uno de cada dos recién nacidos, y estos disparates se repiten mil veces en los medios, acabarán convenciendo a una parte de los lectores, no porque sean creíbles, sino porque están repetidos.

Pero seguirán siendo mentiras.

Es lo que sucede con Venezuela.

¿Chávez ha instaurado un partido único? Mentira.

¿Va a cambiar la constitución para ser presidente vitalicio? Mentira.

¿Ha cerrado la última cadena de televisión de la oposición? Mentira.

¿Impide que RCTV emita por otras vías? Mentira.

¿Su incuria provoca escasez de alimentos? Mentira.

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