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O feminismo negro de Paulina Chiziane

05.06.2007
 
Pages: 123


O feminismo negro de Paulina Chiziane

El feminismo negro de Paulina Chiziane

O mundo visto por uma moçambicana. O estranho e mágico mundo da Paulina Chiziane, a primeira novelista de Moçambique. Por Prof. Dr. Adelto Gonçalves

Si la literatura escrita por mujeres es ya un mundo diferente, abordado por ángulos que novelistas y cuentistas masculinos difícilmente ven, imaginemos entonces lo que puede ser el mundo visto por una mujer africana, mozambiqueña, y aun más si está gobernado por costumbres y tradiciones que nos resultan ajenas. Ese extraño y mágico mundo es el que ofrece en sus libros Paulina Chiziane, la primera novelista de Mozambique.


De Paulina, la Companhia de Letras, de São Paulo, acaba de lanzar Niketche, uma história de poligamia [1], que la editorial Caminho, de Lisboa, publicó en 2002 y ya tiene una segunda edición. Nacida en 1955, en Manjacaze, en la provincia de Gaza, al sur de Mozambique, Paulina frecuentó estudios superiores de Lingüística en Maputo, pero no los concluyó. Actualmente vive y trabaja en Zambézia. Su estreno se dio en 1990 con la publicación de Balada de Amor ao Vento.
Después publicó Ventos do Apocalipse [2] (1999) y O Sétimo Juramento [3] (2000), todos en la editorial Caminho de Lisboa. A los 20 años, cantó el himno de la independencia mozambiqueño, gritó contra el imperialismo y el colonialismo y, después, con la guerra civil que arrasó el país, se desencantó. Por eso, sus libros no siempre hablan directamente de la guerra, sino de un país destruido, de la miseria de su pueblo, de la superstición, de los rituales religiosos y de la muerte.

alrededor de la hoguera, durante su infancia y adolescencia. Niketche viene del nombre de una danza de iniciación sexual femenina de Zambezia y de Nampula, en el norte del país, región predominantemente macua, donde se encuentra la Isla de Mozambique, primera capital de las posesiones portuguesas de África Oriental y lugar de destierro del poeta Tomás Antônio Gonzaga (1744-1810), por donde también pasaron en diversas épocas Luís de Camões (1524-1580) y Manuel Maria de Barbosa du Bocage (1765-1805).


La novela cuenta la historia de amor entre Rami, mujer del sur y de clase social superior al de la mayoría de las mujeres del país, y Tony, alto funcionario de la policía de Maputo. Casada hace veinte años con todas las de la ley y madre de muchos hijos, Rami, despreciada por el marido, desconfía de que éste mantenga aventuras extraconyugales. Entonces, descubre que el marido tiene cuatro mujeres más y muchos hijos. Se dirige a la casa de cada una de las rivales, a veces sale cogida del brazo de ellas, pero, a fin de cuentas, traba amistad con todas hasta el punto de reunirlas a todas un día para darle a su marido una fiesta por sorpresa

La autora rechaza el rótulo de novelista y se define apenas como contadora de historias, inspirada en aquello que oyó, de la boca de los ancianos.


Sin embargo, la iniciativa despierta la ira de la suegra de Rami, para quien la monogamia es un sistema inhumano que margina una parte de las mujeres y privilegia a otras, “que da techo, amor y pertenencia a unos niños y rechaza a otros, que pululan por las calles”. La suegra dice: “Mi Tony, al lobolar a cinco mujeres, ha subido a la cima del monte. Él es la estrella que brilla en lo alto y como tal se lo debe tratar. Y tú, Rami, eres la primera. Eres el pilar de esta familia. Todas estas mujeres giran a tu alrededor y te deben obediencia. Dales órdenes.”


Lobolo es el dote que el hombre da a la mujer al casarse, pero lobolar aquí también sirve para definir el acto de quien sustenta un hogar. Al conocer a sus rivales, Rami entrará en contacto con siglos de tradición y de costumbres, la crueldad de la vida y también con la diversidad de mundos y culturas que conviven en Mozambique. Es difícil entender estos pensamientos sin conocer la dimensión de la tragedia africana. En un país de pocos hombres -miles de ellos murieron en la guerra, muchos quedaron mutilados, otros tantos emigraron-, parece que las mujeres aceptan compartir a sus maridos unas con las otras, aunque la poligamia venga de tiempos ya perdidos, cuando los cultores del Islam bajaron a África y diseminaron sus creencias y costumbres.


En algunos lugares de Mozambique, como en la provincia sureña de Gaza, es común que la mujer atienda al llamado marido de inmediato, dejando todo lo que está haciendo. Sin embargo, cuando el marido llama, ella no puede responder de pie. También es difícil entender esta conversación sobre violencia en la familia: “Mi padre siempre golpeó a mi madre, pero ella nunca abandonó el hogar. Las mujeres antiguas son mejores que las de hoy, que se asustan con un simple azote.”


Para las seguidoras de Simone de Beauvoir y Flora Tristán, todo esto, ciertamente, parece extraño, pero es la forma que Chiziane encontró de denunciar el sufrimiento de las mujeres africanas, subvirtiendo los valores tradicionales. Eso no significa que comparta integralmente los valores de las feministas blancas. Tal civilización ya ha traído tanto sufrimiento a África que cualquier idea, incluso en un marco de valores humanitarios, siempre se recibe con desconfianza. Y no podría ser diferente.

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