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O soldado do futuro

01.07.2008
 
Pages: 123
O soldado do futuro

El soldado del futuro dos EE.U.A.

Drogado, blindado y matando a distancia

Clayton Dach

Adbusters

El soldado incansable

Las anfetaminas y los militares se encontraron por primera vez en la neblina de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Eje y las fuerzas aliadas recibieron por igual tabletas de ‘speed’ [sulfato de anfetamina en polvo] para prevenir la fatiga en el campo de batalla.

Más de 60 años más tarde, la Fuerza Aérea de EE.UU. sigue repartiendo dexanfetamina a pilotos cuyos deberes no permiten el lujo del sueño.

Parece que en todo esto, el cuerpo humano y sus debilidades carnales siempre originan problemas en la guerra. Igual que en las clínicas de salud de la nación, el primer punto de partida en el esfuerzo militar por corregir esas flaquezas es farmacéutico. El problema es que en realidad no se puede decir que lo hagamos demasiado bien. En el caso del ‘speed’ la propia DEA de EE.UU. señala unos pocos tropiezos indeseables como ser adicción, ansiedad, agresión, paranoia y alucinaciones. Para encarar efectos colaterales como insomnio, la Fuerza Aérea entrega “no-go pills” [píldoras de pasividad] como temazepam junto con sus “go-pills” [píldoras de acción]. La psicosis, claro está, es un poco más complicada.

Lejos de desalentarse, el consenso operante parece ser que solo falta perfeccionar las drogas. En los últimos años, se informa que EE.UU., el Reino Unido y Francia – entre otros – han estado financiando investigaciones de una nueva generación de potenciadores del rendimiento militar. Las listas de sustancias prohibidas por los organismos deportivos internacionales nos presentan la parte principal de esas drogas, incluyendo el estimulante efedrina, “agentes promovedores del desvelo” como modafinil (también conocido como Provigil) y eritropoyetina , utilizada para mejorar la resistencia al reforzar la producción de glóbulos rojos.

A medida que las intervenciones químicas se hacen más atrevidas y más sofisticadas, no nos debe sorprender que haya quienes comienzan a mirar más allá de párpados flácidos y músculos doloridos. Entre los nuevos horizontes prima la atrayente noción de profilácticos psicológicos: drogas utilizadas para prevenir loso efectos frecuentemente desagradables del estrés en el combate sobre los soldados, particularmente ese perenne espantajo de los veteranos conocido como trastorno por estrés postraumático [TEPT]. En EE.UU., donde aproximadamente dos quintos de los soldados que vuelven de la acción militar presentan serios problemas de salud mental, el TEPT se ha convertido en un tema político en la forma de la Ley de Psicología Kevlar , que instruye al Secretario de Defensa a implementar “medidas preventivas y de intervención temprana” para proteger a los soldados contra “psicopatologías relacionadas con el estrés.”

Los defensores del enfoque “Psicológico Kevlar” para el TEPT pueden haber encontrado una solución milagrosa en la forma de propranolol , un beta bloqueador que ya existe desde hace 50 años, utilizado según la etiqueta para tratar la alta presión arterial, y extraoficialmente como eliminador de estrés para artistas y examinados. La actual investigación psiquiátrica sugiere desconcertantemente que una dosis de propranolol, tomada poco antes de un evento angustioso, puede suprimir la reacción de estrés de la víctima y bloquear efectivamente el proceso psicológico que hace que ciertos recuerdos sean intensos e intrusivos.

El que la droga sea barata y bien tolerada, es el toque final.

Propranolol ya ha sido apodado la “píldora del día después,” sobre todo por los que argumentan que su uso militar equivale a eliminar los remordimientos de conciencia. Por el momento, sin embargo, podemos dejar de lado nuestras visiones distópicas de zombis con fusiles, ya que es poco probable que los efectos tranquilizantes de los beta bloqueadores permitan su uso generalizado en el campo de batalla. Pero la farmacología se mueve más rápido con cada año que pasa – especialmente cuando cuenta con la ayuda de los dólares de la investigación para la defensa – y puede suceder que tengamos que resucitar esas visiones antes de lo que pensamos.


El soldado intermediado

El nuevo ejército modelo, excluye la fuerza brutal y las vísceras. Forman parte los artilugios de vanguardia, la vigilancia omnisciente y la liquidación de precisión a larga distancia. Lo que motiva todo esto es el tipo de guerra que tememos que vayamos a librar.

Los estrategas se han pronunciado al respecto: con Iraq y Afganistán como terrenos de pruebas, los conflictos del futuro serán guerras de guerrillas, sin fin, sin líneas de frente, sin reglas de enfrentamiento y con poblaciones civiles ambivalentes o abiertamente hostiles en las que cualquier hombre, mujer o niño puede convertirse en combatiente.

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