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Chile: Sarando as feridas de sempre

30.09.2008
 
Chile: Sarando as feridas de sempre

Chile: Cerrando heridas de septiembre

En el centenario del nacimiento de Salvador Allende, y cumplidos ya 35 años de su derrocamiento y un nuevo aniversario de la independencia, se actualizan las revelaciones del último ministro que vio con vida a su presidente.

Por: Raúl Riutor

Valparaíso, Chile (INPA) Aquel 18 de septiembre, al conmemorarse una nueva fecha de la independencia de Chile, el embajador en Washington DC, Orlando Letelier, nos dijo a los corresponsales invitados: "¡Ni siguiera es nuestro famoso vino tinto! ¡Es café!".

Esta disposición del diplomático - que durante el gobierno de la Unidad Popular también ocuparía, en distintas épocas, las carteras de Defensa y de Relaciones Exteriores -, concordaba con la idea presidencial de ahorrar todo lo posible, para enfrentar los tiempos difíciles que llevaron a Salvador Allende a decir en una gira: "Escuchen señores: ¡No hay un dólar ni para raspar la olla!".

Letelier fue detenido y recluido en una isla inhóspita en el sur (Centro Penitenciario de Dawson) luego del Golpe de Estado del 11 de septiembre de1973. Al ser liberado, volvió a Washington DC, donde una mañana, el automóvil que lo transportaba, fue destrozado por explosivos que terminaron con su vida en 1976.

Allende, nacido en este puerto en 1908, pereció aquel día del Golpe de Estado, cuando comenzaron a llenarse las cárceles y algunas embajadas colapsaron, por el ingreso de chilenos que temían por su seguridad.

Según Carlos Briones, el último Ministro del Interior y el último amigo que vio a Allende en La Moneda, el presidente murió con un casco y una ametralladora al hombro, no lejos de su lugar de trabajo. Cuando asumió la presidenta Michelle Bachelet, la primera foto que se tomó en el palacio presidencial, fue en esa refaccionada oficina, la que muestra un escritorio, un sillón, una bandera chilena y un cuadro de Allende atrás, vistiendo sobretodo y usando sus clásicos anteojos.

Me dijo Briones en Santiago, en 1984, después de su largo exilio: "No creo que el presidente se haya suicidado. Fueron balas anónimas o los ataques aéreos contra La Moneda".

En 1973, en esa capital, me afirmó por otra parte Federico Willougby, el vocero de la junta militar que tomó el poder: "Allende se suicidó. Se le ofreció un avión para que se fuera a México o la Argentina, donde quisiera...".

El mismo funcionario (un ex "Public Relations" de una antigua fabrica de autos estadounidense) nos puso una guardia de tanquetas en la puerta del edificio de la calle Bandera, donde funcionaba nuestra agencia, y otra frente al desaparecido Hotel Crillón, a cien metros, donde nos alojábamos los periodistas. ¿La razón? Evitar que se recibieran mensajes contrarios, sobres, fotos, películas, etc.

Allende fue miembro fundador del Partido Socialista en 1933 (tenía 25 años) , luego diputado, senador y ministro de Sanidad, entre 1939 y 1942.

Al asumir la presidencia en 1970, nacionalizó el cobre y comenzó, inmediatamente, a cautivar una mayor atención de Estados Unidos, que entonces estaba gobernado por alguien con ideas muy distintas: Richard Nixon.

Allende lo había comprometido al poeta y Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, para que asistiera con él a algunas celebraciones del 18 de septiembre, Día de la Independencia. No pudo ser, y su embajador en París murió a fines de ese septiembre negro, cuando los soldados golpistas ya le habían allanado y destrozado su residencia en Isla Negra. (INPA)


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