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A cara sinistra dos Biocombustíveis

04.07.2007
 
Pages: 123
A cara sinistra dos Biocombustíveis

La cara siniestra de los biocombustibles: Horror en la 'California brasileña'

Raúl Zibechi

IRC

Biocombustibles, Biodiversidad y Nuestro Futuro Energético


Brasil apuesta a convertirse en una gran potencia emergente gracias al liderazgo que mantiene en la producción de biocombustibles. El precio de esa ambición lo pagan el medio ambiente y los cortadores de caña, quienes siguen siendo la parte invisible de esta historia.


'Cuando el avión pasó echando aquel baño de veneno mi padre quedó todo mojado, quedó muy mal con el veneno que le echan a la caña. Está acabando con mucha gente joven', dice una cortadora de caña de la región de Ribeirao Preto, en el estado de São Paulo.


'La gente trabaja y ellos les dan un papel para que compre en el supermercado. La gente no ve dinero, sólo ve la cuenta de lo que debe', asegura un trabajador de la misma región, donde siete de cada diez cortadores de caña no terminaron la escuela primaria1.


Otros cortadores aseguran que son engañados por las balanzas que controlan los patrones, y calculan que tienen que llevar 110 kilos para que la balanza marque 100. Casi todos fueron arrancados del Nordeste con promesas de que ganarían salarios muy altos. Las condiciones de trabajo recuerdan a muchos analistas moderados el período de la esclavitud. Pero el presidente Lula dijo ante la Cumbre del G-8 que los biocombustibles tienen 'enorme potencial para generar empleos e ingresos' y que 'ofrecen una verdadera opción de crecimiento sustentable'2.


Detrás de un lenguaje 'políticamente correcto' se esconde una realidad que está llamada a destruir la Amazonia, destruye millones de cuerpos jóvenes y promete jugosos negocios a los inversionistas. El propio nombre de biocombustibles parece ser destinado a fomentar la confusión. Jo ã o Pedro Stédile, dirigente de los sin tierra de Brasil, apunta que los defensores del etanol 'utilizan el prefijo bio para dar a entender que es una cosa buena', por eso ellos prefieren hablar claro y los llaman 'agrocombustibles', porque se trata de una energía producida en el agro3.


Volver cuatro siglos atrás


Según el ex gobernador del estado de S ã o Paulo, Claudio Lembo, con los agrocombustibles el monocultivo se extenderá a todo el país. Aunque es un político conservador miembro del Partido del Frente Liberal (ahora Partido Demócrata), cree que Brasil 'recorrió quinientos años para volver al mismo lugar' que tenía cuando era colonia portuguesa. En su opinión, las tierras dedicadas a la agricultura se perderán al usarse para caña de azúcar y se repetirá la historia de estos cuatro siglos, cuando 'millares fueron expulsados de sus comunidades por el Leviatán del monocultivo, que crea riqueza concentrada'4.


Mirando más de cerca las condiciones de trabajo de los cortadores de caña aparece un mundo terrible que debería hacer reflexionar a quienes están entusiasmados con la propuesta de sustituir los combustibles fósiles por los agrocombustibles. Según varios informes, alrededor de un millón de personas trabajan en la industria, de las cuales 500 mil están en el sector agrícola. Cerca del 80% de la recolección de caña es manual. A los trabajadores sólo se les paga si llegan al rendimiento exigido por los patrones, que se sitúa en la región de Ribeirao Preto en unas 12 toneladas por día, el doble que en 1980. Si no llegan, no se les paga nada5.


Para alcanzar ese rendimiento deben trabajar unas 10 a 12 horas por día, pero a veces 14, mucha de ellas bajo un sol ardiente. Muchos padres llevan a sus hijos pequeños para que los ayuden a llegar a esa meta de producción. Aunque la cantidad de menores que trabajan ha disminuido, en 1993 uno de cada cuatro cortadores de caña tenían entre siete y 17 años en el estado de Pernambuco, y muchos no recibían ningún salario.

En las dos últimas zafras murieron 14 personas por exceso de trabajo. Los cortadores son reclutados en otras regiones y deben vivir en la misma hacienda, en cabañas sin colchones, sin agua ni cocina; deben cocinar en latas sobre pequeñas hogueras y los alimentos los tienen que comprar en la propia hacienda a precios muy por encima de los del mercado.


La caña se corta luego de ser quemada, lo que facilita la recolección pero perjudica gravemente el medio ambiente y produce afecciones pulmonares. En el municipio de Piracicaba, en S ã o Paulo, las internaciones de niños con problemas respiratorios aumentan un 21% durante los períodos de quema de caña. Por cada diez toneladas el cortador debe dar unos 72 mil golpes con su machete, hacer 36 mil flexiones de pierna, pierden cerca de diez litros de agua por día y caminan diez kilómetros diarios mientras realizan su trabajo. El salario mensual oscila entre 150 y 200 dólares al mes. Según el sociólogo Francisco de Oliveira la vida media de los cortadores es inferior a la de los esclavos de la colonia6.

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