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Discurso do Ministro das Relações Exteriores da Cuba

16.03.2005 | Fonte de informações:

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Ginebra, 16 de marzo de 2005

Excelencias:

La Comisión de Derechos Humanos –pese a los esfuerzos de los que creemos honestamente en su importancia y batallamos por hacerla regresar al espíritu de respeto y cooperación de sus fundadores- ha perdido legitimidad. No es creíble. Permite la impunidad de los poderosos. Está maniatada. Abundan la mentira, los dobles raseros y los discursos vacíos de los que, mientras disfrutan su opulencia, derrochan y contaminan, miran para otro lado y simulan no ver cómo se les viola a millones de seres humanos el derecho a la vida, el derecho a la paz, el derecho al desarrollo, el derecho a comer, a aprender, a trabajar; en fin, el derecho a vivir con decoro.

Todos sabíamos que la Comisión de Derechos Humanos era víctima de la manipulación política de sus trabajos, debido a que el Gobierno de Estados Unidos y sus aliados han usado a la Comisión como si fuera su propiedad privada, y la han convertido en una suerte de tribunal inquisidor para condenar a los países del Sur y, especialmente, a los que se oponen activamente a su estrategia de dominación neocolonial.

Pero en el último año ocurrieron dos acontecimientos que cambian la naturaleza del debate que sostendremos en estos días.

El primero, fue la negativa de la Unión Europea a copatrocinar y votar a favor del proyecto de resolución que proponía investigar las masivas, flagrantes y sistemáticas violaciones de los derechos humanos que todavía hoy se cometen contra más de 500 prisioneros en la base naval que Estados Unidos mantiene, contra la voluntad del pueblo cubano, en la Bahía de Guantánamo. La Unión Europea, que siempre se opuso a las mociones de no acción, esta vez estaba dispuesta a ser quien la presentara para evitar siquiera una investigación contra su aliado. Era el colmo de la hipocresía y la doble moral. ¿Qué hará este año, después de publicarse las horrorosas imágenes de las torturas en la cárcel de Abu Ghraib?

El segundo hecho fue la publicación del informe presentado por el “Grupo de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio”, establecido por iniciativa del Secretario General de Naciones Unidas. En él, se afirma categóricamente que “la Comisión no puede ser creíble si se considera que aplica dos medidas distintas cuando se trata de cuestiones de derechos humanos”. ¿Cabría esperar entonces que los representantes de Estados Unidos y sus cómplices hagan autocrítica ante este plenario y se comprometan a trabajar con nosotros –los países del Tercer Mundo- para rescatar a la Comisión de Derechos Humanos del descrédito y la confrontación?.

Señor Presidente:

La garantía del disfrute de los derechos humanos hoy depende de si se vive en un país desarrollado o no y depende, además, de la clase social a la que se pertenezca. Por eso, no habrá disfrute real de los derechos humanos para todos mientras no conquistemos la justicia social en las relaciones entre los países y dentro de los propios países.

Para un grupo pequeño de naciones aquí representadas –Estados Unidos y otros aliados desarrollados- el derecho a la paz ya está conquistado. Siempre serán los agresores y nunca los agredidos. Su paz descansa en su poderío militar. También ya conquistaron el desarrollo económico, basado en expoliar las riquezas de los demás países pobres, otrora colonias, que sufren y se desangran para que aquellos derrochen. Sin embargo, dentro de esos países desarrollados, y aunque parezca increíble, los desempleados, los inmigrantes, los pobres no disfrutan los derechos que sí tienen garantizados los ricos.

¿Puede un pobre en Estados Unidos ser elegido Senador? No, no puede. La campaña cuesta, como promedio, 8 millones de dólares. ¿Van los hijos de los ricos a la injusta e ilegal guerra en Irak? No, no van. Ninguno de los 1500 jóvenes norteamericanos que han caído en esa guerra era hijo de un millonario o de un ministro. Los pobres mueren allí defendiendo los intereses privilegiados de una minoría.

Si se vive en un país subdesarrollado la situación es peor, porque es la inmensa mayoría la que, pobre y desposeída, no puede ejercer sus derechos. Como país no tiene derecho a la paz. Puede ser agredido bajo la acusación de que es terrorista, de que es un “reducto de la tiranía” o bajo el pretexto de que va a ser “liberado”. Se le bombardea y se le invade para “liberarlo”.

Tampoco el Tercer Mundo –más de 130 países- puede ejercer el derecho al desarrollo. Más allá de sus esfuerzos, el sistema económico impuesto al mundo lo impide. No tienen acceso a los mercados, a las nuevas tecnologías, son maniatados mediante una deuda onerosa que ya han pagado más de una vez. Sólo tienen derecho a ser países dependientes. Se les hace creer que su pobreza es el resultado de sus errores. Dentro de esos países, los pobres e indigentes, que son la mayoría, no tienen siquiera derecho a la vida. Por eso mueren cada año 11 millones de niños menores de cinco años, una parte de los cuales pudiera salvarse apenas con una vacuna o unas sales de rehidratación oral, y mueren también 600 mil mujeres pobres en el parto. No tienen derecho a aprender a leer y escribir. Sería peligroso para los dueños. Se les mantiene ignorantes para mantenerlos dóciles. Por eso avergüenzan hoy a esta Comisión casi mil millones de analfabetos en el mundo. Por eso, en América Latina sufren cruel explotación 20 millones de niños que trabajan cada día en vez de ir a la escuela.

El pueblo cubano cree fervientemente en la libertad, la democracia y los derechos humanos. Le costó mucho alcanzarlos y conoce su precio. Es un pueblo que está en el poder. Es su diferencia.

No puede haber democracia sin justicia social. No hay libertad posible si no es sobre la base del disfrute de la educación y la cultura. La ignorancia es el pesado grillete que atenaza a los pobres. ¡Ser cultos es el único modo de ser libres! –esa es la máxima sagrada que los cubanos aprendimos del Apóstol de nuestra independencia.

No hay disfrute real de los derechos humanos si no hay igualdad y equidad. Los pobres y los ricos no tendrán jamás iguales derechos en la vida real, aunque estén proclamados y reconocidos en el papel.

Eso es lo que los cubanos comprendimos hace ya tiempo y por eso construimos un país distinto. Y solo estamos empezando. Lo hemos hecho pese a las agresiones, al bloqueo, a los ataques terroristas, a las mentiras y a los planes para asesinarnos a Fidel. Sabemos que eso molesta al Imperio. Somos un ejemplo peligroso: somos un símbolo de que sólo en una sociedad justa y solidaria –es decir, socialista- puede haber posibilidad de disfrute de todos los derechos para todos los ciudadanos.

Por eso, el Gobierno de Estados Unidos nos trata de condenar aquí en la Comisión de Derechos Humanos. Teme nuestro ejemplo. Es fuerte en lo militar pero débil en lo moral. Y la moral, no las armas, es el escudo de los pueblos.

Quizás este año el Presidente Bush encuentre algún gobierno latinoamericano –de los pocos dóciles que van quedando- para que presente la consabida resolución contra Cuba. O quizás retorne a un gobierno de Europa Oriental al estilo del checo, que disfruta como nadie su condición de satélite de Washington y caballo de Troya dentro de la Unión Europea, o quizás la presente el propio Gobierno de Estados Unidos, que a esta hora chantajea, amenaza y cuenta los apoyos para saber si logrará la condena de Cuba.

Todo el mundo sabe en esta sala que no hay razón para presentar una resolución contra Cuba en esta Comisión. No hay en Cuba, ni ha habido nunca en los 46 años de Revolución, una ejecución extrajudicial, un desaparecido, ¡uno solo! ¡Que presente alguien el nombre de una madre cubana que busca todavía los restos de su hijo asesinado! ¡O el de una abuela que busca a su nieto entregado a otra familia tras el asesinato de sus padres! ¡Que se presente aquí el nombre de un periodista asesinado en Cuba, y en América Latina fueron asesinados, sólo en el 2004, 20 periodistas! ¡Que se presente el nombre de un torturado! ¡Uno solo! ¡Que se presente el nombre de un preso vejado por sus carceleros, un prisionero puesto de rodillas, presa del terror, ante un perro entrenado para matar!

Excelencias:

El Presidente Bush tiene un plan para Cuba, pero los cubanos tenemos otro plan. Los cubanos tenemos claro nuestro rumbo. Y nadie nos apartará de él. Construiremos una sociedad aún más justa, más democrática, más libre y más culta. En fin, más socialista.

Y lo haremos aunque el Presidente Bush nos amenaza con la agresión, con volver a Cuba a la condición de colonia, con quitarles a los cubanos sus casas, sus tierras y sus escuelas, para devolverlas a los antiguos dueños batistianos que regresarían de Estados Unidos. Lo haremos, pese a su plan de privatizar la salud y convertir a nuestros médicos en desempleados; lo haremos pese al plan de privatizar la educación y hacerla accesible solo a la élite, como en el pasado; lo haremos pese al plan de entregar a precio de remate nuestras riquezas y el patrimonio de todo el pueblo a las transnacionales norteamericanas. Pese al plan de quitarles sus retribuciones a nuestros jubilados y pensionados para obligarlos a volver a trabajar, según el llamado Plan “para la asistencia a una Cuba libre”.

El pueblo cubano tiene derecho a defenderse de la agresión y lo hará. Y debo decirlo claramente: no permitiremos en Cuba la formación de organizaciones y partidos de mercenarios financiados y al servicio del Gobierno de Estados Unidos. No permitiremos periódicos y cadenas de televisión financiadas por el Gobierno de Estados Unidos para defender entre nosotros sus políticas de bloqueo y sus mentiras. En Cuba, la prensa, la radio y la TV son propiedad del pueblo y sirven y servirán a sus intereses.

No cooperaremos con la Representante del Alto Comisionado ni con la espuria resolución que le da origen. ¿Por qué no se nombra a tan prestigiosa jurista Representante Especial del Alto Comisionado para la Base Naval de Guantánamo? ¿Por qué no se le pide investigar las flagrantes violaciones a sus derechos que sufren cinco valerosos y puros jóvenes cubanos presos en cárceles de Estados Unidos y sus familias? Porque no se puede. Porque se trata de violaciones de Derechos Humanos cometidos por los Estados Unidos y este es un intocable. Contra la pequeña Cuba sí, pero contra Estados Unidos no.

Pero Cuba no se cansará de luchar, Excelencias. Ni se rendirá. Ni hará concesiones, ni traicionará sus ideales.

¡Y veremos si puede ser derrotado un pueblo libre, culto y unido! ¡Veremos si se puede derrocar a un gobierno del pueblo, cuyos líderes caminan entre el pueblo con la autoridad moral que da la ausencia total de corrupción y la dedicación plena a sus deberes!

¡Veremos si se puede engañar a todo el mundo, todo el tiempo!

Excelencias:

La Comisión de Derechos Humanos que hoy nos convoca refleja el mundo injusto y desigual en que vivimos. Ya no queda nada en ella del espíritu fraternal y respetuoso que convocó a sus fundadores, tras la victoria sobre el fascismo.

Por lo tanto, la delegación cubana ya no insistirá en que debemos transformar a la Comisión. Lo que tenemos que cambiar es al mundo. Ir a las raíces. Una Comisión de Derechos Humanos donde no exista selectividad, politización, dobles raseros, chantajes e hipocresía sólo será posible en un mundo distinto.

Cuba no lo cree una quimera, sino una causa por la que bien vale la pena luchar. Por eso lucha y seguirá luchando.

Gracias.

Delegación de Cuba en Lisboa

 
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