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15.07.2004 | Fonte de informações:

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Los primeros meses de gobierno de Zapatero apuntaron profundos cambios en la escena política nacional. Después de dos legislaturas, el PP radicalizó su discurso valiéndose de la mayoría absoluta que obtuvo en las elecciones de 2000 y se fue alejando paulatinamente de la sociedad española. La gestión del hundimiento del petrolero "Prestige" en aguas gallegas, los cambios en la legislación laboral que se tradujeron en el conocido como "Decretazo" que provocó una huelga general y, sobre todo, la decisión de apoyar al presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, en la ocupación de Irak, más la utilización electoral de los atentados que sufrió Madrid el 11 de marzo pasado por parte del gobierno, hicieron que la mayoría de los ciudadanos españoles viera a Aznar dándole la espalda y a Zapatero a su lado, tras una pancarta.

Zapatero es un leonés recién llegado a la política estatal. Tras catorce años de gobierno socialista, a comienzos de los años 90, el PSOE entró en crisis. La corrupción de los viejos líderes (nepotismo, escándalos financieros...) y el terrorismo de Estado que se practicó para combatir al de ETA, llevaron a los españoles a abandonar al carismático Felipe González y a buscar otra opción política.

Un renacido PP con un discurso de derecha muy moderada, le expulsó del palacio de La Moncloa y el partido se descompuso. Guerras banderizas, incapacidad de asumir los errores y falta de liderazgo, lastraron al PSOE en una travesía por el desierto que le llevó a sus horas más bajas y que se consolidó tras la obtención de una amplia mayoría absoluta por parte de Aznar en las elecciones de 2000.

Y entonces llegó Zapatero.

Pero más que por méritos propios, el PSOE recuperó el poder por errores ajenos. No se puede gobernar en contra de la ciudadanía o, cuando menos, ajeno a ella y no pagar el precio político.

Aquella campaña electoral transcurrió marcada por la polémica decisión de enviar tropas españolas a Irak, que Aznar tomó reunido en la Cumbre de las Azores con Bush y el Primer Ministro del Reino Unido, Tony Blair.

Como vimos, el PSOE subía en las encuestas y se acercaba a un PP que, pese a todo, conservaba una amplia ventaja. Además, su postura coincidía también con la del Eje franco-alemán, lo que comenzó a ganarle simpatías y apoyo en otros países. Tanto Schroeder como Chirac han reforzado sus lazos en los últimos años en vista del rumbo que tomaban Italia, España e Inglaterra hacia el otro lado del Atlántico, por lo que vieron en Zapatero al único hombre capaz de devolver a España al mapa político europeo.

La mayoría social española ha sido fuertemente antimilitarista en el medio siglo pasado. La pérdida del imperio y, sobre todo, la Guerra Civil, y lo poco que sufrió con la Segunda Guerra Mundial, hicieron del español un pueblo poco amigo de los ejércitos.

Una muestra reciente de ello fue la entrada de España en la OTAN. Eran tiempos de máximo apoyo social de González (mayoría absoluta y creciendo), pero aún así, su propuesta fue fortísimamente contestada, incluso desde el PSOE, y sólo se aprobó tras el ajustadísimo resultado de un referéndum celebrado ad hoc.

Hoy, en el nuevo diccionario del gobierno socialista español proliferan conceptos como "regeneración democrática", "consenso", "respeto" y, principalmente, "diálogo". No es extraño escuchar estos conceptos en boca de quien acaba de llegar al poder, pero hay algo que lleva a la ciudadanía española a creer que no son formulaciones retóricas ni lugares comunes, sino propósitos de enmienda que pueden significar una forma diferente de gobernar.

Mucha gente en España, y los españoles diseminados por Europa, como así por las Américas y el Caribe, han querido creer en el cambio. Pero permanecen expectantes.

Alvaro Gómez González de Lerena INPA

 
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