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Nenhum Presidente dos EUA pode enfrentar Israel

22.08.2007
 
Pages: 12
Nenhum Presidente dos EUA pode enfrentar Israel

“Ningún presidente de EE.UU. puede enfrentar a Israel”

Paul Craig Roberts

CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

“Ningún presidente de EE.UU. puede enfrentar a Israel.” Así dijo el batallador almirante Thomas Moorer, Jefe de Operaciones Navales de EE.UU. (1967-1970) y Presidente del Estado Mayor Conjunto (1970-1974). Moorer fue, posiblemente, el último dirigente militar estadounidense con una mente independiente.

El almirante Moorer sabía de lo que estaba hablando. El 8 de junio de 1967, Israel atacó el barco de espionaje estadounidense, USS Liberty, matando a 34 marineros estadounidense e hiriendo a 173. Los israelíes incluso ametrallaron las lanchas salvavidas, acribillando a los marineros estadounidenses que abandonaban el barco atacado.

Al parecer el USS Liberty había captado comunicaciones israelíes que revelaban la responsabilidad de Israel por la Guerra de Seis Días. Hasta hoy en día, los libros de historia y la mayoría de los estadounidenses culpan a los árabes por el conflicto.

La Armada de EE.UU. conocía la verdad, pero el presidente de EE.UU. tomó partido por Israel contra los militares estadounidenses y ordenó que la Armada de EE.UU. se callara. El presidente Lyndon Johnson dijo que todo había sido sólo un error. Más tarde, el almirante Moorer formó una comisión y presentó la verdad desnuda a los estadounidenses.

El poder del lobby de Israel sobre la política exterior estadounidense es considerable. En marzo de 2006, dos distinguidos eruditos estadounidenses, John Mearsheimer y Stephen Walt, expresaron su preocupación en London Review of Books por el hecho de que el lobby de Israel está desviando la política exterior de EE.UU. en direcciones que no sirven los intereses de EE.UU. ni los de Israel. Los dos expertos esperaban iniciar un debate que pudiera rescatar a EE.UU. y a Israel de políticas fallidas de coerción que intensifican el odio musulmán contra Israel y EE.UU. El lobby de Israel se opone a toda reevaluación semejante, e intentó detenerla con epítetos como: “perseguidores de judíos,” “antisemitas,” e incluso “anti-estadounidenses.” En la actualidad, ciudadanos israelíes que se oponen a los planes sionistas de un gran Israel son denunciados como “antisemitas.”

Numerosos estadounidenses ignoran la influencia del lobby de Israel. Prefieren pensar en EE.UU. como “la única superpotencia del mundo,” un nuevo Imperio Romano macho cuyas órdenes son obedecidas sin cuestionamiento o la nimiedad en cuestión es “bombardeada y devuelta a la Edad de Piedra.” Muchos estadounidenses están convencidos de que la coacción militar sirve nuestros intereses. Citan a Libia, Serbia, Afganistán, Iraq, y ahora están listos a utilizar bombas para imponerse a Irán y Pakistán.

Esta arrogancia lleva al asesinato de decenas de miles, tal vez cientos de miles, de hombres, mujeres y niños, una suerte que muchos estadounidenses parecen considerar adecuada si otros países no aceptan la hegemonía de EE.UU.

La política exterior estadounidense se ha mutado en coacción. Los superpatriotas machos la adoran. Muchos de esos superpatriotas extraen un placer indirecto de sus ideas delirantes de que EE.UU. “esté pateando el culo a esos negros del desierto.”

Éste es el EE.UU. del régimen de Bush. Si algunos de esos superpatriotas se salieran con la suya, todo “antipatriótico partidario de los terroristas,” que se atreva a criticar la guerra contra “los islamofascistas,” sería enviado a Guantánamo, si no lo fusilan antes.”

Esos partidarios de Bush han transformado el Partido Republicano en el Partido de las Camisas Pardas. Se mueren de ganas de atacar a Irán, de preferencia con armas nucleares. En su impaciencia por llegar al Apocalipsis, están tan saturados de orgullo desmedido y de pretensiones de superioridad moral que creen realmente que su apoyo para el mal significa que serán “elevados al cielo.”

El hecho de que “su” partido político se sienta a gusto en el EE.UU. de Bush ha sido un golpe devastador para los demócratas, y no harán nada para detener la agresión del régimen de Bush contra el pueblo iraquí o para impedir el ataque del régimen de Bush contra Irán.

Los demócratas podrían impugnar fácilmente a Bush y a Cheney en la Cámara, ya que la impugnación requiere solamente una votación de la mayoría. No podrían condenarlos en el Senado sin apoyo republicano, ya que la condena requiere la ratificación de dos tercios de los senadores presentes. Sin embargo, una votación de la Cámara a favor de la impugnación echaría por la borda la guerra, salvaría innumerables vidas humanas y tal vez incluso salvaría a la humanidad del holocausto nuclear.

Han inventado varias justificaciones o excusas para la complicidad de los demócratas en la agresión que no sirve a EE.UU. Tal vez la justificación más popular sea que los demócratas están dando a los republicanos toda la cuerda que desean para producir una tasa de desaprobación tan elevada que asegure que los demócratas barran en la elección de 2008.

Es dudoso que los demócratas supongan que hombres tan astutos como Karl Rove y Dick Cheney no comprendan las consecuencias electorales de una tasa baja de aprobación pública y que caminen ciegamente hacia una aniquilación electoral.La partida de Rove no significa que no exista una estrategia.

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