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Cuba sem calma depois da tempestade

19.09.2008
 
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Cuba sem calma depois da tempestade

Cuba sin calma tras la tempestad

En Cuba hay voces que hablan ya de una situación similar a la vivida en momentos del llamado Período Especial, cuando la desaparición de la Unión Soviética y el Bloque Socialista, provocó una intensa crisis en el país antillano. En esta ocasión la alarmante situación no tiene su causa en situaciones políticas sino en las poderosas e imprevisibles fuerzas de la naturaleza. Hoy, al igual que entonces, la Revolución cubana está obligada a pasar una vez más una verdadera prueba de fuego: reconstruir y normalizar un país sumido en una realidad manifiestamente delicada.

Aun es pronto para tener cifras definitivas de las afectaciones, pero no hace falta la cuantificación exacta para darse cuenta de la verdadera trascendencia del paso de Ike por Cuba. A los nueve días de que el huracán Gustav arrasara campos, viviendas e infraestructuras en la Isla de la Juventud y Pinar del Río, este nuevo ciclón - con nombre de presidente norteamericano- ha cruzado la isla grande del Archipiélago prácticamente de punta a punta, afectando 1000 kilómetros de su extensión, es decir, el 90% de su territorio. Pese a ir reduciendo su impacto inicial, pasando de vientos de 180 a 130 km/h, las lluvias torrenciales y persistentes junto a los fuertes ráfagas fueron haciendo su trágico trabajo: miles de viviendas afectadas seriamente (más de 80.000 solo en la zona de Holguín, 13.000 de ellas categorizadas como “derrumbe total”), inundaciones generalizadas, infraestructura eléctrica y de comunicaciones destruida, cosechas arrasadas, serias afectaciones en escuelas, hospitales y centros de producción… Sin embargo, en medio del desastre, hay que volver a subrayar con mayúsculas que sólo la ética aplicada de un sistema de Defensa Civil que ha vuelto a ser un verdadero ejemplo (a pesar del consabido silencio mediático internacional), ha conseguido que la cifra de muertos sea realmente pequeña: cuatro fallecidos y veinte heridos leves, con una evacuación generalizada a lugares seguros de 2.615.794 personas (es decir algo más del 23% de la población total del país) en un intento manifiesto y logrado por preservar, una vez más, la vida humana.

Cuba devastada

Son muchos, urgentes y graves los problemas que debe afrontar el Gobierno cubano en los próximos meses. La limitación de recursos propios o el mantenimiento del bloqueo norteamericano deben convertirse, necesariamente, en elementos complementarios a la hora de mirar el futuro inmediato. Pero no pueden ser utilizados como excusas para la búsqueda de salidas a la grave situación abierta. Estamos hablando de pérdidas económicas que algunas voces sitúan en una horquilla que iría entre los 4.000 y los 5.000 millones de dólares. Cifras realmente muy significativas para un país como Cuba. Centenares de miles de casas destruidas o afectadas directamente en sus estructuras, cosechas completas perdidas cuyo destino directo era la alimentación de la población en los próximos meses, afectaciones importantes en escuelas y edificios públicos, suspensión de los sistemas eléctricos, telefónicos y de telecomunicaciones, interrupción y daños a la producción de tabaco, azúcar o níquel (principales productos de exportación)…

Al listado irreversible de los perjuicios económicos debemos añadir el daño psicológico al que queda sometido una población que, una vez más, debe poner en marcha mecanismos épicos para afrontar una situación extrema. Una respuesta a la que, tristemente, no están acostumbradas otras naciones de la región como Haití, carente de un Estado real y totalmente vulnerable a la más leve perturbación climática. Cuba es otra cosa, pero eso no significa que el azote de dos huracanes prácticamente continuos en el tiempo –considerada ya la mayor catástrofe natural en el Archipiélago en los últimos 45 años- no genere serias alteraciones en los planes de transformación y cambios previstos por el nuevo Gobierno revolucionario para los próximos meses.

La ayuda internacional: entre la rapidez y el espectáculo

A las pocas horas de producirse el paso de Gustav, un grupo de países daba un paso adelante con las primeras y urgentes ayudas humanitarias, sin ningún condicionamiento, como es habitual en estas situaciones de emergencia. Mención especial en la solidaridad merece la pequeña y empobrecida Timor Lester (nación donde Cuba mantiene una brigada médica desde su independencia además de formar, simultáneamente, a varios cientos de jóvenes en especialidades sanitarias) quien donaba 500.000 dólares. También enviaban ayuda inmediata Brasil, Venezuela, China, Rusia, México, Argentina, la Unión Europea …

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