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MNE da Cuba: Mundo injusto e desigual

17.09.2006
 
Pages: 12
MNE da Cuba: Mundo injusto e desigual

Excelencias:

En medio de guerras y amenazas de más guerras, el mundo en que vivimos es cada día más injusto y desigual.

El fin de la confrontación Este-Oeste no fue el comienzo de la paz que muchos soñaron. La historia real ha sido la del dominio creciente de una nación que ejerce presiones económicas y políticas sin escrúpulos, que se considera con el derecho de invadir cualquier país para alcanzar sus objetivos y que conduce al mundo común que habitamos a su propia destrucción.

Bastan unos pocos ejemplos para describir lo absurdo y cruel del actual orden internacional que se nos ha impuesto.

Se invierten anualmente, en gastos militares, más de un millón de millones de dólares y mueren cada año 11 millones de niños de enfermedades que se pueden prevenir o curar.

Se consume otro millón de millones de dólares en publicidad comercial, mientras 860 millones de seres humanos en el mundo no saben leer ni escribir.

Los países ricos destinan 17 mil millones de dólares todos los años para alimentos de animales domésticos y más de 800 millones de personas van a dormir todos los días con hambre.

Los países de América Latina formamos cada año un millón 200 mil graduados universitarios con un costo de no menos de 20 mil dólares cada uno y el 20 % de los mas destacados, 240 mil, son robados para ir a trabajar o investigar en los países ricos, ofreciéndoseles condiciones que nuestras naciones no les pueden garantizar y sin que recibamos indemnización alguna.

Los combustibles fósiles se agotan. Las reservas probadas y probables de petróleo y gas crecen menos que el consumo. Las sociedades ricas no han sido capaces de emprender radicales y profundos programas de ahorro de energía que permitan ganar el tiempo necesario para desarrollar nuevas tecnologías.

El medio ambiente se deteriora como consecuencia de una sociedad irracional que estimula un consumismo extremo que han impuesto los países ricos para ellos, y para nosotros.

Miles de millones de personas son empujadas al desempleo, a la pobreza, al hambre y a las enfermedades. Una nueva categoría, la de sobrantes humanos, ha sido creada por el neoliberalismo.

Una verdadera dictadura mundial se quiere imponer mediante la guerra y el poder económico, pretendiendo desfigurar la realidad con un discurso intolerante y engañoso.

La democracia y los derechos humanos, convertidos más en pretextos que en objetivos, no pueden existir en un mundo cada vez más desigual, donde esas palabras no alcanzan siquiera a ser leídas ni comprendidas por miles de millones de personas.

Los conceptos de soberanía limitada, intervención humanitaria, guerra preventiva y cambio de régimen, son fascistas; no son teorías modernas para defender la libertad y combatir el terrorismo. La "seguridad humana" y la "responsabilidad de proteger" son conceptos que esconden la intención de violar la soberanía y mutilar la independencia, claro está, de los países pobres, nunca de los poderosos.

La pobreza, en este mundo de economía globalizada, es consecuencia de siglos de colonialismo y neocolonialismo y de un orden económico internacional injusto y criminal, no de la supuesta corrupción e incapacidad de nuestros gobiernos, como pretenden hacernos creer. Más privatización, más desregulación, más libre comercio equivale a más desigualdad, más pobreza, más marginación.

El narcotráfico y las mafias se originan en la demanda creciente de drogas de las sociedades más ricas, son el resultado de la cultura del consumo y el dinero, como exclusivas motivaciones del ser humano. Las drogas y el crimen se multiplican por esa demanda creciente y no porque sean insuficientes el número de policías y ejércitos y necesitemos comprarles carros blindados, lanchas rápidas y armas sofisticadas a los países ricos.

El terrorismo es consecuencia de la injusticia, de la falta de educación y de cultura, de la pobreza y las desigualdades, de la humillación sufrida por naciones enteras, del desprecio y subestimación de una creencia, de la prepotencia, del abuso y los crímenes. No es consecuencia de ideologías radicales que deban ser barridas con bombas y misiles.

La hipocresía y los dobles raseros no se esconden en el discurso de los poderosos.

La potencia hegemónica exige que los autores de crímenes en cualquier parte del planeta deban ser juzgados e incluso extraditados a los Estados Unidos; y por otra parte los militares norteamericanos, por iguales o peores crímenes, han de tener inmunidad, o no hay créditos ni ayudas económicas.

Se levantan muros en las fronteras y se crean policías antiinmigrantes pero no para científicos, médicos, enfermeras, informáticos y otros profesionales y técnicos de alta calificación.

Las potencias dominantes proclaman el libre comercio, pero consideran imprescindible gastar casi mil millones de dólares diarios en subsidios agrícolas, 3 veces lo que destinan como ayuda al desarrollo.

No es hacia nuestros bancos hacia donde fluyen las reservas del mundo, pero recibimos órdenes que son un pecado violar: no se deben poner barreras al flujo de capitales y nuestro dinero debe ir a financiar el déficit de la economía de los Estados Unidos.

Las minas antipersonales tienen que ser eliminadas; las armas químicas y las nucleares no; nadie más puede poseerlas, lo ordena el único país que ha empleado las dos contra la población civil.

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