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Paraguay: Caçados por caçar

06.09.2007
 
Pages: 123
Paraguay: Caçados por caçar

Guardias emboscaron a campesinos por cazar en un latifundio

Javiera Rulli


San Vicente es un importante centro agrícola en el Departamento de San Pedro, en el norte de la Región Oriental de Paraguay. Sin embargo, esta comunidad, tal como muchas en su zona, parece ya tener los días contados. La soja ha rodeado a la población y cada vez hay más presión sobre las tierras de las comunidades campesinas. El brutal asesinato de dos pobladores muestra una vez más lo lejos que puede llegar la violencia del agronegocio contra la población campesina.


San Vicente es una localidad del distrito de Resquín conocida por su producción agrícola. De esta zona salen semanalmente varios camiones
hacia el mercado de abasto de Asunción, cargados de mandioca, maíz, zapallo y otros productos. Esta comunidad se caracteriza por un pequeño centro al que rodean 28 calles con lotes de entre 10 y 5 ha.

Desde hace 7 años ha sido gradualmente rodeada por monocultivos de soja, debido a que todos los latifundios vecinos han sido deforestados y mecanizados. La ganadería extensiva anteriormente dominante en dichos latifundios se trasladó al Chaco expandiendo la frontera agrícola en un ecosistema con alta fragilidad. Los ganaderos siempre dejaban isletas de monte nativo por el caso de sequía que el ganado se alimentara de los recursos del bosque. Desde 2002 se ve el fenómeno de cambio productivo hacia la agricultura permanente. La comunidad está aislada por este anillo de propiedad privada extremadamente vigilada, teniendo sólo una ruta por donde acceder al pueblo y la falta de acceso a los recursos del monte genera pobreza al no poder cazar y pescar.


El día 18 de agosto, cuatro campesinos salieron de la comunidad para ir a cazar a su lugar habitual, un monte ubicado dentro de un latifundio de 93 mil ha, llamado Agroganadera Aguaray, propiedad de Euvaldo de Araujo, brasilero viviendo en Sao Paulo. Este latifundio ha sido deforestado mayoritariamente para implementar grandes monocultivos con rotación de soja RR con maíz o trigo. A las 8 de la noche y ya rumbo a casa, los cuatro fueron emboscados y disparados sorpresivamente por guardias del latifundio que se habían apostado en un escondite construido con ramas a un lado del camino. Éstos habían estado en la guardia sentados con sus escopetas de calibre 12 esperando a sus víctimas, así como se caza en cualquier coto de caza, pero esta vez las presas eran seres humanos.


Pedro Antonio Vázquez de 39 años, recibió una bala con nueve balines en la cabeza, que le atravesó por varios lugares el cráneo y probablemente lo mató inmediatamente.


Cristino González de 48 años recibió otro tiro por la espalda y cayó al suelo. Los hijos de él fueron las otras víctimas. Crescencio de 18 años, iba delante, un balín le rozó la mandíbula y él cayó por el impacto pero rápidamente se levantó y huyó corriendo. Juan Ramón, un joven de 16 años, que iba último tuvo tiempo de volverse y esconderse en un yuyal.


Crescencio corrió los 10 km a casa y dio aviso a la familia y la comisión vecinal -él tuvo tiempo para darse cuenta lo que había ocurrido-. Sin embargo, el miedo y la impotencia retuvieron toda la noche al grupo de familiares y vecinos. Recién a la mañana siguiente, acompañados por muchos miembros de la comunidad, pudieron entrar en la hacienda a rescatar a los dos cadáveres tirados en la vera del camino.

Al llegar al lugar de la tragedia y ver sólo dos cuerpos, la familia se dio cuenta que Juan Ramón se había salvado y a gritos lo empezaron a llamar hasta que el pobre salió aterrado de su escondite. De esta forma lo relatan los dos jóvenes cuando los entrevistamos en su casa que queda solo a 200 metros de la hacienda.


Ellos cuentan que con el padre cazaban frecuentemente, así como lo hacen muchos otros
campesinos de la comunidad. En la familia son 12 hermanos y sólo tienen 5 ha de tierra, por ello la caza y la pesca son esenciales para la sobrevivencia de la economía familiar. No hay otro monte en las cercanías; todo ha sido desmontado a favor de la soja. Lo mismo relatan los parientes de Pedro, la otra víctima, que era soltero y vivía con su madre. Sus parientes nos muestran sus redes y anzuelos y nos cuentan lo
bueno que era pescando en el río Aguaray, el único cauce en un radio de 10 km donde se puede pescar.


La población de San Vicente esta conmovida y asustada por este crimen, pero no es la primera vez que toma lugar un acto violento como este. El abogado de DDHH, Juan Martens, pudo registrar hasta 12 casos de violencia por conflictos de tierra. Se suman 5 asesinatos y 7 heridos sólo en esta comunidad, todos perpetrados por los guardias armados de los grandes propietarios. Estos asesinatos demuestran cómo la exclusión del pueblo de los bienes comunes como el bosque o el agua degrada las condiciones de vida de la población campesina. La propiedad privada y el no dar permiso de entrada quita a la gente importantes recursos de subsistencia.

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